viernes, 31 de diciembre de 2010

Artemio en TN

Acá subió Artemio un video, bastante divertido, en el que se habla sobre encuentas referidas a las elecciones presidenciales del año que viene.

Cabe destacar que, a fata de alguien más que lo "posicionara" a Alfonsín, fue el mismo Artemio quien se ocupó de hacerlo (3:50). Y, al hacerlo, destacó que "fue la única figura que no se constituyó exclusivamente en función de la crítica a Nestor Kirchner", y en ese momento, al verlo, me dió la impresión de que el mismo Bonelli (en realidad no se cuál es Bonnelli y cuál el otro de los periodistas) se vió por aludido y lo tapó antes de que termine la frase diciencio "... ustedes también lo tienen a Alfonsín, o no?"

Otra de las críticas de Artemio a sus interlocutores de TN es la visión "porteñocéntrica" en la que se asegura que el problema de Soldati repercute en la imagen de Cristina a nivel nacional.

Santiago Rossi dijo (6:25): "Muchas veces la agenda de los medios de comunicación, de la política de la consultaría poco tiene que ver con la demanda de la opinión pública. La demanda opinión pública hoy reclama inseguridad, pero en todo el año el crecimiento de Cristina se vió aspectos que tenían que ver con la economía. Entonces, la economía es la que le va a tomar el pulso, por lo menos en este año, al gobirno y a la propuesta que haga la oposición".

Más adelante, Artemio sale a hablar de la AUH y de la estatización de las AFJP con fines laudatorios (cuestiones vinculadas a la figura de Boudou, me parece. Hay que tener en cuenta que si bien es porteñocentrico limitarse a capital, estaban hablando en capital y dirigiendose a porteños, basicamente).

Perechodnik habla de un "ajuste normal" hacia la baja en la imagen de Cristina, y Artemio asiente con la cabeza. Y cuando se refiere a la imagen de ristina en capital, Artemio le contesta que es el 9% del electorado, que "no se puede generalizar". Y no llegaron a un acuerdo al respecto.

Nuevamente Perechodnik dice que no hay figura que se visualice salvo Macri (contrdiciendo sus mencionaes anteriores respecto de Cobos), y sugiere que los episodis de Soldato lo favorecieron para ello, y que probablemente perjudicaron a Cristina. Rossi agrega que otra ventaja de Macri sobre el resto de los opoitores es su gestión.

Luego los periodistas preguntan por Duhalde, y el consenso de los encuestadores es que no mide. Perechodnik dice que el peronismo "disidente" se disgregó aun más despúés de la muerte de NK y Bonnelli propone que vaya con Macri, avalado por Rossi. Pero Artemio sugiere que el tema de la gestión tiene algunas cuestiones, y empieza a dirigi críticas a la misma como "niveles de postergación inexplicables" en la zona sur.

Bonnelli asegura "el gobierno lo tiene focalizado" y pregunta "¿eso lo beneficia?". Cuestión que no queda clara de donde se desprende.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Incertidumbre en la escena político-economica

La incertidumbre es, sin duda, uno de los hechos básicos del campo de la política y su tratamiento por medios de comunicación. Se trata de una circunstancia que comparten en su praxis tanto políticos como periodistas, así como aquellos economistas que participan del campo, ya sea como funcionarios o como analistas. Es curioso que, en este contexto, el “estar informado” sea como una especie no de ideal o meta sino, antes bien, de obligación. Al emitir los titulares las radios agregan enunciados tales como “toda la información al instante” o “lo que hay que saber” o cosas semejantes. “Sea el primero en informarse” es otro similar. La situación parece paradójica: mientras que, de hecho, la desinformación es el dato básico, el hecho irreductible del campo en cuestión, quienes participan de él anuncian o prometen -según sea el lugar que ocupen en él- su eliminación.

Podría creerse, al contrario, que se trata de algo completamente comprensible y evidente: dada la inicial incertidumbre, la información se convierte por eso mismo en un bien más preciado. Así, por ejemplo, un inversor consideraría tanto más valiosa la información cuanto, pese a su escacés, es el medio más eficaz para la reducción de los riesgos que asume. Sin embargo, la mera experiencia es suficiente para ver que este postulado, muchas veces sostenido por los actores involucrados en el campo, no pasa de ser un postulado. Es muy evidente cuando surge una «noticia», esa curiosa entidad cuya singular función es, en primer lugar, mantener entretenida a la sociedad, y en segundo, conformar un episodio en las diferentes pujas que tienen lugar dentro de la misma. Cuando una nueva noticia sale a la luz, medios opositores y oficialistas salen a ofrecer lecturas, interpretaciones y diversos sesgos para ratificar lo que vienen diciendo desde el principio de la era. Puede ocurrir que en el interior de una era algún medio modifique sus postulados básicos, sus simpatías y antipatías políticas. Ejemplo de ello es el caso de Clarín quien, a principio de la era marcada por Kirchner sus contenidos manifestaban simpatía por él y, al momento de su muerte, la más completa antipatía. Es singular y llamativo ese viraje, y probablemente se encuentre complementado por una actitud similar de su correlato: el kirchnerismo. Pero de todas formas no queremos dedicar este post a tal asunto, por lo que retomamos el argumento.

Sea como fuere, en el corto plazo (pues sin duda el viraje mencionado corresponde al mediano plazo) los diarios no hacen más que repetir las mismas opiniones y las noticias no son sino una escusa para eso. Aprovecho para decir, previniendo interpretaciones compulsivas infundadas, que mi comentario se extiende no sólo a la prensa opositora sino también a la oficialista, y también a los blogs, como es evidente.

Pero entonces ¿qué función tiene la noticia? ¿Por qué no prescindir de ella y centrar toda la discusión en el plano teórico donde de hecho se encuentra realmente? Si ya sabemos que frente a una noticia, quienes tienen por función difundirla se limitaran a intentar producir la interpretación de la misma por parte de su auditorio de manera tal que sea motivo de sacar las mismas conclusiones que ya se habían sacado de las noticias previas ¿cual es su necesidad?

La primera respuesta que uno encuentra al plantear esto en alguna conversación es simple: la noticia pondría a prueba la idea preconcebida. Se supone que la sociedad en su conjunto, o más precisamente el campo de la política y la economía según los medios masivos actuarían como se espera que actúe un científico: se tienen hipótesis, pero se las pone a prueba en la experiencia. Esta descripción es opuesta a la ofrecida arriba, según la cual más que al pensamiento científico se asemeja mucho más al pensamiento paranoico: cualquier experiencia es una prueba del postulado de base. Claro que con una diferencia fundamental: el paranoico está sólo con su razonamiento, el político, el periodista, el economista, etc., no lo están, tienen sus simpatizantes, su audiencia. Pero entonces necesitamos un procedimiento para determinar cual de las dos alternativas es verdadera y cual falsa. Dicho de otra manera ¿La sociedad actual, considerada desde los actores más relevantes de la escena de la cultura de masas, aprende de la experiencia, o sólo reproduce incesantemente los mismos postulados básicos?

Pero hete aquí que debemos anteponer otra cuestión. En efecto: sucede que los postulados en cuestión son diversos y conforman una dinámica heterogénea en la cual algunos se contraponen con otros. Así, por ejemplo, los postulados de Pagina/12 se contraponene a los de La Nación y éstos, en determinada coyuntura, confluyen con los de Clarín, por ejemplo, o los de El Cronista o Diario Popular. Esto da lugar a algo cuya imagen sería lo más semejante a cómo podríamos imaginarnos un juicio sin juez: cada una de las partes se da por descontado que selecciona el material para probar ya sea la inocencia o culpabilidad del imputado. Pero esta comparación nos ofrece también una manera de concebir el problema que habíamos planteado arriba sin responder: la noticia sería el correspondiente al elemento de prueba.

¿Podemos conformarnos con esa comparación? Pareciera que, si consideramos el asunto desde este ángulo, tenemos que dividir las noticias en diversos tipos. En realidad, la noticia en sí no es más que un signo cuyo referente es un hecho, pero cuyo sentido es de lo más ambiguo y sujeto a usos retóricos. Así, la división en cuestión debería encontrarse en los hechos. De este modo, encontramos en el conjunto de los hechos, un tipo particular que se diferencia del resto por ser capaces de producir cambios significativos. Así, por ejemplo, la renuncia de De la Rúa, el triunfo del kirchnerismo en la interna peronista en el 2005, etc. Y lo que vemos es que además de una cantidad de hechos más o menos irrelevantes, o incluso cotidianos, existe una categoría de hechos sólo potencialmente determinantes, pero no necesariemente. Tal es el caso de la rebelíon campestre. Ese hecho podría haber determinado la interrupción del mandato presidencial. Y resulta que es en ese margen que actúan tanto los políticos como los periodistas como los economistas que analizan la coyuntura (y antiguamente los militares que intervenían contradiciendo el orden constitucional).

Así “el hecho” queda inserto en una trama causal de naturaleza compleja. No se trata, como en las ciencias físicas, que un hecho determina al sucesivo. Un hecho entra en la trama causal o de sucesión temporal a partir de su naturaleza simbólica, es decir, en tanto noticia. Pero la noticia no es el hecho. En primer lugar, porque es el hecho más el sesgo de quien la relata, emite o anuncia. Y de ese modo se introducen los deseos y los anhelos de los actores intervinientes.

Todo puede parecer de la trivialidad más absoluta, pero una de las consecuencias que habría de seguir de esto es que la economía, por ejemplo, es una ciencia subordinada a la semiótica, lo cual es de una relevancia mayor habida cuenta de que los economistas mediáticos parecen desconocerlo en su mayoría.

Así que ahora retomamos el tema de la incertidumbre, elemento esencial e irreductible de la política la economía y el periodismo. ¿Cómo reaccionan frente a la incertidumbre los principales actores de campo en cuestión? Pues bien, como dijimos, hacen como si no existiera. Pero ahora debemos preguntar ¿de dónde proviene la incertidumbre?

La primer respuesta, la que nadie desconocerá, es que la incertidumbre proviene de la ignorancia. Mientras mayor conocimiento tenga de una materia, mayor será en ella mi incertidumbre, y está claro que esto cuenta en el asunto. Pero el problema proviene de que se crea que la ignorancia es la única fuente de incertidumbre.

Nuevamente, resulta sorprendente la extensión y la fuerza de la creencia en que la única fuente de incertidumbre proviene de la ignorancia, y a partir de aquí puede verse parte de la fuerza asimismo de consignas tales como las que reivindican la educación, ya sea en el campo popular bajo la forma de “pública y gratuita” como en el elitista, que ve en la “clase educada” la única capaz de gobernar y la encargada de educar a la restante (lo cual, es obvio, genera el problema previo de saber cuál es la educación). De hecho, la incertidumbre en cuestión tiene una fuente mucho más fundamental que está ligada a una peculiaridad del lenguaje. ¿Qué quiere decir esto? Pues simplemente que la relación simbólica que se produce entre el evento que sea y el símbolo que lo denota no es biunívoca, como en un lenguaje perfecto. Esa imperfección del lenguaje (que, obviamente, no se trata de algo que especifique las lenguas latinas, o cuya incidencia sea menos graves en las sajonas, pese a las apariencias) se traslada como incertidumbre. Pero por el momento debemos posponer la prolongación del post para un momento en que dispongamos de más tiempo, así que lo publico así como está.

martes, 14 de diciembre de 2010

Muchas muertes en poco tiempo

Como la gran mayoría de las personas, el tema político es algo que necesariamnte me excede, cosa que es lo que vuelve operables a quienes no reconocen los límites de lo que pueden validamente afirmar habida cuenta de tal situación. Ahora, concretamente en torno al tema del indoamericano, veo que e sclaro que ha y temas que tascienden la coyuntura. Uno de ellos es el tema de la inmigrción. Por tal motivo me alarmó bastante (los posteos muestran que tan apartado me enontraba de las cuestiones politicas ultimamente) cuando empecé a escuchar, en primer lugar en el laburo, ciertos brotes de xenofobia que me parecen incomprensibles. Sucede que entre mis convicciones más pertinaces está la de indignarme ante tales fenómenos.

Me llamó la atención, también, algo más. Recordará el lector que hace poco tiempo mataron a un militante del Partido Obrero que protestaba con motivo de un reclamo de blaqueo pues se trataba de un tercerizado. SI descontamos el tiempo en que la muerte del ex presidente fue centro de la escena, entre esa muerte (la del joven militante) y las del indoamericano paso poco tiempo, muy poco. No es mi idea plantear teorias conspirativas, pero hay una cosa que de por sí lleva a que no nos tomemos a la ligera los recientes acontecimientos, como si quien no se conformara con que se le deje de dar iportancia fuera un delirante. A saber: ¿a quien se le ocurre agarrar un arma y salir a matar en defensa de "la no ocupacion de los espacios públicos?"

No creo que se le pueda ocurrir a nadie, y por es oe sque es neesario que surga alguna explicación, pues si hubo otra motivación es importante saber cual, lo mismo que si hubo autores intelectuales.

Recordemos lo que se dice: en ambos casos, la policia se retiró, mometo aprovechado por quienes empuñando armas de fuero procedieron incomprensiblemente a matar a alguien, a quien tanto en un caso como en otro, llevabn a cabo una protesta de caracter político y reivindicativo: tarbajo y vivienda. También en ambos caos se involucra a "barras bravas".

Existe una diferenia, no obstane. EN el primer caso, los diarios opositores rápidamente salieron a decir que se trataba de "barrabravas K", mientras que en el segundo, mientras los mismos casos evitaros tal asociación, en el caso de los oicialistas se los vinculba al pro. Esto podría llevar a l hipótesis (claro que meramente hipotética) de que, si es que esto fue armado, no lo fue ni por el FPV ni por el PRO. ¿A qué me refiero con armado? Con contratar matones para matar, generando (con la solidaridad de la prensa amarillita que, creo yo, actúa ingenuamente y sin responsabilidad) la sensacion d ecaos social, la cual podría desembocr en caos real. Muchos enfatizan las responsabilidaddes que cabrían al gobierno nacional ya que, operación o no, no debería haberle pasado semejante cosa. Eso me parece, a mi, secundario. Principal es explicar un poco las cosas, no apurarse a taparlas hechando culpas (lo mismo digo respecto de quienes culpan a Macri, por ejemplo con su anuncio sobre entrea de viviendas, creo que alguien dijo lgo de eso).

Es evidente que cada gobierno (municipal, nacional) tendrá su estilo y sus concepciones ideológicas. Así, unos haran énfasis e nla necesidad de desalojo por la fuerza, otros en la necesidad de protección de los derechos humanos de los manifestantes, etc.

Lo cierto es que tal vez la mia sea una ingenuidad descomunal, pero creo que una confrontación entre ambos gobiernos en cuestion no le vendría bien a nadie, es decir, a ninguno de los dos, y que sin duda sería más importante encontraar puntos en comun hasta que pase lo más crítico, hasta que se esclarezca el asunto de forma convincente. Intentar sacar provecho de algo así sería no sólo irresponsable sino hasta sospechoso.

sábado, 30 de octubre de 2010

Muerto el hombre, instaurado el símbolo

Este post es escrito por alguien que, en el fondo, entiende poco y nada de política, por lo que seguramente ronde por cuestiones que no sean preguntas para nadie casi, pues habrán respuesto tales cosas tiempo ha. Lo primero es ¿por qué tanta gente fue a despedir al ex Primer Damo? Es decir ¿Eran todos kirchneristas? Esta pregunta, tengo la impresión, está mal planteada. Podría preguntarse antes:

¿Cómo pudo haber perdido Nestor Kirchner las elecciones últimas con semejante despedida por parte de las masas? Y esto nos lleva a: o bien todo ese volumen de gente, que dificilmente llegue a convocarse para despedir otro político en la Argentina actual, no es suficiente para obtener una mayoría electoral; o bien sí lo es, pero la muerte de Kirchner produzco en muchos algún cambio en su parecer.

Si optamos por la primer alternativa, tendremos que suponer, por ejemplo, que la masividad de la muestra no es representativa del universo. Así, podríamos imaginar que los que fueron son sus votantes y el resto no, por lo que por más masivo que haya sido el velorio, no es de por sí la mayoría. Si esto es así, nos lleva a lo siguiente: en cuanto a lo electoral, no importa tanto cuanto lo sigan a alguien sino cuantos.

Si a alguien lo sigue un grupo muy convencido, seguramente tendrá todos sus votantes en su despedida, si quienes lo siguen lo hacen ólo circunstancialmente y sin mayor admiración hacia su persona, su velorio no tendrá mucha participación, pero electoralmente puede tener mejores resultados. Hay algo no obstante que es cierto (que los peronistas suelen decir con razón): que en el primer caso se cuenta con una ventaja en la dimensión temporal.

Así, en la dimensión estática el grado de simpatía despertado es secundario, siempre que sobrepase el umbral del voto, mientras que en la dimensión temporal o a largo plazo se convierte en esencial, por más que pueda no verse circunstancialmente representado en los votos, en alguna oportunidad (28-6).

De los presidentes últimos, es decir, desde la recuperación de la democracia, sin duda los más populares son: Alfonsín, Menem y Kirchner. ¿A qué se puede atribuir esto? Quizá a que son los que más tiempo estuvieron en el poder: 5 años y medio, 10 años y medio y 4 años y medio. De ellos ya murioeron 2, ambos con una depedida masiva. Sin ánimo de entrar en disputas partidistas podríamos plantear cuál de los dos tuvo un velorio más masivo, no para comparar su grandeza personal, sino desde otro punto de vista, para ver su influencia en las masas, como si compararamos la venta de dos productos de distintas marcas independientemente de su calidad. Y además ¿cómo será el funeral de Menem? Un dato es concreto: en el caso de Kirchner, su funeral fue como el de Eva Perón, es decir, como primer damo, su mujer en el gobierno y, muchos parecen decirlo, él en el poder (esto e nesto, de ser así, se diferenciarían). No quería entrar en esta cuestión, que fue muchas veces dicha por la oposición, pero que ahora los mismos kirchneristas la plantean, preguntandose por cómo repercutirá esto en el liderazgo de Cristina, claro que en esa pregunta no se trata sólo de esto, pues también puede uno apuntar a en qué medida ella, como ex mujer de él, se ve afectada, etc. La oposición no duda mucho, y dice que el poder era de Néstor y que ahora Cristina tiene que ver qué hace, lo dijo Rosendo, lo dijo Blanck. Muchos han respondido que el velorio demostró, entre otras cosas, la fuerza de Cristina, tanto la suya propia como la de su influencia en las masas, reflejado en la consigna principal de "Gracias Nestor, Fuerza Cristina".

Ahora podríamos considerar la otra alternativa que teníamos: la de que la muerte de Kirchner haya modificado la relación entre él y las masas. Podrímos conjeturar que muchos, con su muere, se han vuelto más kirchneristas, es algo completamente posible. Esto llevaría a pensar que, en la dimensión electoral, el kirchnerismo es ahora más numeroso que antes, siempre que (y es primera cuestión que se planteó, como dijimos) el kirchnerismo se alinee a Cristina y no entre a desarticularse en conflictos internos.

Lo que no deja dudas es que Kirchner es un líder que supo despertad una apasionada simpatía por parte de muchos, logro que en cualquier país queda reservado para unos pocos. Dicho en términos más populistas: el pueblo, a Kirchner, lo quiere. Y ahora vuelve la pregunta:

¿pero lo quiere ahora que lo perdió? Es cierto que ahora se suele hacer referencia a todo aquellos que Kirchner dejó: la marca, impronta, etc. Pero es indudable que algo se llevó con él.

Claro que sería injusto decir que "el pueblo" lo quiere sólo ahora que lo perdió, pue santes también lo quiso. Es curioso pero del 2003 para acá participó en dos elecciones: las dos las perdió. La primera con Menem que, sin duda con gran cobardía, decidió abandonar la continda dandole la victoria sin necesidad de balotage. La segunda ¡con De Narvaez!

Y acá tenemos un contrapunto entre Menem y Kirchner. Mientras que el primero, en 2003, teniendo que enfrentar a Kirchner, desistió por no perder, tal vez para no arriesgarse, exponerse, el segundo, en 2009, sin tener que postularse (porque nada lo llevaba a tener que ser candidato) quiso hacerlo pensando que... (vaya a saber qué).

Tal vez sea cierto que el kirchnerismo tuvo su repliegue por la influencia de los medios en las masas. Las mismas masas que lo lloran y cuyo pensamiento, por qué no decirlo, suele estár prendido de la tele o la radio. No entiendo cuando los kirchneristas P (en lugar de Peronistas K) minimizan el valor de los medios masivos.

En fin, no puedo prolongar mucho más este post que no es más que un homenaje a NK.

domingo, 3 de octubre de 2010

El discurso de la Seguridad

Aca Manolo nos da una lección de Seguridad, sin privarse de ampararse para ello en La República. Puede ser que para el político lo más astuto sea tener capacidad de movimiento de forma tal que cuando la ciudadanía, o el pueblo, o la gente, se ha cansado un poco del mismo discurso que era el que quería escuchar durante todo el transcurso de un lapso precedente, necesita otro, ya sea de caracter revsionista, reaccionario, revolucionario, etc. A tales fines uno puede celebrar un posicionamiento ambiguo, el que se alcanza de manera muy convincente del siguiente modo: citando izquierdistas para lor argumetnos de derecha y derechistas para los de izquierda. Claro: no es el caso de citar al hermano de Glaucón si uno quiere suscribir, si bien de forma crítica, al discurso de la Seguridad.

Pero ciertos principios son de una naturaleza tal que no se los puede negociar, y en cuanto a la seguridad, la cuestión ha mostrado que aún no se define. Pues es cierto que se puede sostener que la acción del sistema penal de nuestra sociedad proviene, históricamente, como sugiere Manolo, de la venganza privada, elevada a una fuerza institucional y pública. Pero de ahí a abogar en favor de mantener la vigencia de esa relación hay una pequña decisión, que es la misma que vuelve confusa la línea divisoria entre lo que la ley obliga y lo que prohíbe.

Es cierto que el discurso de la seguridad no pide paz, sino venganza. De ello algunos inferirán, quizá, que no será paz lo que lo satifaga, sino la vengnza. Aquellos que, bastante occidental y cristianamente definan como “los elementos que no alcanzaron el nivel de civilización que la ley puede representar” a quienes están en la mira en lo que a seguridad se refiere tendrán, como lo muestra la experiencia, el ideal de la normalidad como norte, ya se crean capaces de alcanzarlo con más Salud y Educación o con Vigilancia y Mano Dura, recurriendo al castigo ejemplar.

Hay que decir que la Seguridad está siempre en manos de la policía, por lo que el argumento (que escuché con frecuencia ultimamente) de que no pueden actuar, etc., se saltea una pequeña pregunta por qué es lo que quieren hacer, para qué quieren más poder, más legitimación, etc., las furzas de seguridad.

martes, 22 de junio de 2010

El fin de los K o un error de la oposición

Ya son menos los que niegan que el fin del kirchnerismo fue un anuncio precipitado y hasta parece que estamos presenciando un repunte del mismo. Retrospectivamente, vemos que muchos columnistas de la oposición (cabe agregar aquì que muchos oficialistas han coincidido en este punto con ellos) han quedado en off side por haber cantado victoria antes de tiempo. Esto beneficia al gobierno. Y creo que el error de calculo ha sido el siguiente: se apostó a una convulsión tipo 2001, que terminaría indefectiblemente en la caída del gobierno, y que entonces sería muy sencillo que un gobierno de derecha restablezca el orden conservador. Para eso, se montó una escenografía mediática completamente pesimista, y mucha gente realmente "se la creyó" pues ¿cómo iba a ser de otra manera, si la realidad socio-económica es una construcción y quienes tienen un lugar privilegiado en la realización de dicho montaje la presentan como nefasta a diario? Cuando digo "se la creyó", es obvio que no estoy diciendo que unos anden equivocados y otros en la verdad, ya que en cuanto a la percepción se refierea, todo es secundario a una doctrina, y en verdad no hay una única doctrina que pueda imperar. Pero sin duda hubo un error táctico de la oposición, que parece haber sido, paradójicamente su "optimismo" en cuanto a que los K eran historia. En efecto, su continuo criticar sin matices terminó por ofrecer al público una concepción sumamente simplista que sólo podía sostenerse en tanto y en cuanto el humor social estuviera maníaco. La manía es solidaria de concepciones simplistas, incluso delirantes, las cuales se caracterizan por tener poca vida. Y la "bajada de línea" de los medios puede influir en dicho humor, pero no es lo único que lo determina, existe otro factor que han desatendido. Se trata del tiempo: la manía tiene un tiempo acotado, al cabo del cual cede. Entonces, uno recuerda las "ideas" durante tales episodios y hasta se ríe "mirá las cosas que pensaba" puede llegar a decirse, tal vez un poco avergonzado.

Así, el período de humor social maníaco anti-K pasó (o al menos su pico), y los argumentos que en el mismo se esgrimían en solidaridad con dicho humor han perdido parte de su fuerza. Esto era en gran medida inevitable, y no es atribuible a un error de la oposición. Lo que sí fue un error es no haberlo tenido en cuenta. Lo que creo por otra parte es que pensaron que este proceso los favorcería: la eventual caída del gobierno sería el punto que marcaría el cambio en el humor y la recuperación de la eutimia. Pero no fue así, el gobierno no perdió en este capítulo, permaneció en el gobierno y en la oposición parecen ser todos lamentos. Y tengo en mente no toda la oposición, pues en realidad no me refiero por ejemplo a Sabattella o a Alfonsín hijo, pues ellos no han apostado a la caída del kirchnerismo ni al fin del mismo, me refiero a los que sí lo han hecho, como por ejemplo Mariano Grondona, Biolcati, Cobos, Clarín.

La idea entonces es que las chances de Kirchner de volver al gobierno ganando la proxima elección son consecuencia de ese error de la oposición la cual, en vez de ponerse por objetivo justamente ganar dichas elecciones, su meta fue la entrega anticipada, de ahí que ahora parezca no tener plan B ante la improbabilidad de dicha alternativa. La oposición conservadora ha perdido tiempo.

Este error aquí atribuído a la oposición tiene su origen, pues, en su desconocimiento de la situación ante la cual se encontraban, pero ¿cómo pudo esto ocurrir? Pues bien, hubo una mala comprensión de la misma cuya fuente es la información no fiable. ¿Y porqué se confió en dicha información? Simplemente, porque se confió en los medios de comunicación, es decir, la oposición tomó la información de los medios como fiable, erró por ende en su apreciación de la situación por haber creído en la información proporcionada por los medios. En este sentido, el kirchnerismo le hace un favor a la oposición con su consigna "Clarín miente", pues le avisa que no es bueno para ella fiarse de él.

domingo, 30 de mayo de 2010

ideologías y despolitización

Todo el mundo estará de acuerdo, creo yo, en que no es un hecho agradable el que si uno se encuentra esperando el bondi y al ver que se acerca extiende la mano para que pare, éste siga de largo. El otro día venía pensando en que la frecuencia de éste hecho, visto en comparación con el número total de veces en que se llamaba un colectivo, había aumentado últimamente; y en eso sucede que al frenar a causa del semáforo el colectivo, se acercan dos peatones, enojados sin duda, uno de ellos golpea la ventana pidiendo que le abran la puerta, y el chofer se niega, de la misma manera que no había frenado antes: no era parada. Dos señoras de avanzada edad se encontraban sentadas cerca del chofer e intercambian con éste algunas palabras. Llego a estuchar que el colectivero se queja también (el malestar estaba generalizado) y comenta que la municipalidad (se trataba de la ciudad autónoma de Buenos Aires) había hecho un caos con las calles y las paradas, lo cual era la causa de este tipo de problemas.

Entonces recordé algo que había pensado otras veces: “¡qué facilidad tiene la gente para quejarse y quejarse!”. Yo lo pensaba en general cuando con la mal llamada “crisis del campo” la gente con la que tenía más trato se la pasaba quejándose de todo, como si todo estuviera mal, mientras yo pensaba que era todo una ficción, una ficción que asombrosamente todos parecían compartir. Y en ese momento estaba bastante convencido en que después de todo hay una especie de tendencia de la gente a quejarse, a decir que esta todo más o menos mal, y que entre otras, una consecuencia necesaria de eso era el inevitable desgaste de cualquier gobierno, circunstancia que sería siempre aprovechado por una oposición, etc. Esto iba junto a otra idea: la de uqe es más fácil ser oposición que oficialismo. En efecto, me parecía indudable. Sin embargo, ahora ya no es tan así. Es decir, ese creencia se puede expresar así: “entre los hábitos de la población ocupa un lugar mayor la crítica que el elogio”.

Además de que no hay una fehaciente demostración de ese aserto, debo reconocer que entra en contradicción con otro que me parece con fundamentos de una fuerza similar, por lo que conforman una antinomia. Concretamente: es la ideología de la gente la que determina el elogio o la crítica, si x es progre elogia al gobierno progre y critica al conservador, etc. Sin embargo, un punto débil de este argumetno es que de hecho la imagen de los políticos va cambiando en el tiempo a plazos bastante cortos, y no parece que impliquen nesesariamente un cambio en la ideología. Y si nos parece que “ ideología” no sea un término útil para pensar en este tema, porque ¿porqué habríamos de separa la ideología de la visiónb sobre tal o cual candidato? ¿Porqué pensar que la “ideología” es más estable? Concretamente: la ideología, a fin de cuentas, no es otra cosa que una manera de organizar el campo político según el sesgo propio del que lo observe, y no hay ningún motivo objetivo que le habilite a éste a tener por más importante tal o cual aspecto como para decir “las ideologías son tales y tales y tal aspecto determina si tal está en tal ideología o tal otra, etc.”.

Acá estamos más cerca del río de Heráclito que del ser de Parménides. Sin embargo, hay estabilidades. Sabemos, por ejemplo, que hay un sector peronista disidente, que hay un sector progresista al que no le gusta el peronismo, que hay un peronismo de centroizquierda, un conservadurismo liberal, etc.

En fin, creo que lo que esperamos ahora son hechos concretos. Ya basta de discutir si el indec adultera las estadísticas y entonces los datos que presenta el gobierno no reflejan la realidad y los de la oposición tampoco y demás cosas por el estilo. Quiero decir, discutir las cosas como si estuvieran fuera del alcance de tomar cartas en el asunto (debo reconocer que este «estilo», esta manera de posicionarse frente a los temas es propia del periodismo, que se acostumbra o bien a elogiar, o bien a criticar, pero como si nada dependiera de él, cosa absolutamente falaz). Despueś de todo, la mayoría no creo que está taninteresada en la política, a lo sumo por una período determinado, pero ese periodo termina a la larga. Además, porqué no decirlo, ahora viene el mndial, y todo el mundo sabe que el mundial es la continuación de la política por otros medios.

viernes, 7 de mayo de 2010

"Vicio de ilegitimidad", ley de medios, impuesto al cheque.

De las discusiones políticas que se mantienen en terreno verbal, considero que las que tienen el caracter de la reversibilidad se encuentran entre las menos auspiciosas. Me refiero, con reversibilidad, a un aspecto de las críticas que tienen como finalidad devolver una previa con direccionalidad opuesta, o bien remontarse hacia un hecho anterior que invertiría la dirección hacia la cual debiera dirigirse. Mas en general, se trata de las discusiones en la que se dan imputaciones recíprocas con el mismo contenido.

Un ejemplo es el actual de la libertad de expresión. Mientras que unos acusan a otros de restringirla a su favor, reciben de ellos una crítica análoga. Independientemente de la posición que se pueda tener en este caso concreto, es evidente que semejante desacuerdo solo puede proliferar en bases poco firmes, con una equívoca definicion de los que es la libertad y la expresión, por lo menos. Un avance, en este sentido, son las alteraciones en el seno de la discusión que producen una bipártición detérminos y comienzan a hablar de "libertar de expresión" y "libertad de empresas", y más recientemente "libertad de prensa" y "libertad de expresión". Estas diferenciaciones nos parecen una rectificación de las bases del diálogo que conducen a la posibilidad de definición: definiéndose (aproximando a una definición) los términos del problema, la definición de éste último pasa a ser concebicle. Y lo que esto muestra es que solo la ley, en cuanto socialmente establecida, da solución duradera a estos episodios del conflicto (que en varias oportunidades son sustituídos por otros).

Hay, sin duda, pluralidad de ejemplos. Dentro de poco, la Corte Suprema tendrá que decidir respecto del destino de la ley de medios y se nos informó (claro que el hecho hasta fue negado en su momento por algunos periodistas de Radio Mitre, cosa que yo escuché), a través del diario Perfil (que, casi más fervientemente anti-K que Clarín, se opone a su vez a éste último; cabe recordar aquí que Fonteveccia lo califico'de "pro-cíclico") que el presidente de la Corte Suprema se reunió con Magneto. Lo que quería destacar de esto es que viendo 678 escuché la crítica siguiente: ¿qué pasaría si en cambio se hubiera reunido con Kirchner?, apuntanto al tema de la dobre vara, tema que no es más que una forma de reversibilidad.

De todas formas, lo que interesa para el post está vinculado con los argumentos que hizo valer la jueza Olga Pura de Arrabal y la Cámara Federal mendicina, es decir, que supuestamente hubo "vicios de ilegitimidad, arbitrariedad y gravedad institucional que aconsejan mantener el estado de suspensión en la aplicación".

Es decir, se dice que la ley no sería legítima porque el Poder Legislativo no la sancionó conforme a la ley. Ahora bien, acá viene el tema: hace poco, la oposición logró que los Senadores enviaran a la camara baja una reforma de la ley del cheque siguiendo procedimientos que clara y manifiestamente son contrarios a los que establece la CN.

Esta claro que en un caso, la ley fue promulgada legalmente mientras que la otra no. También parece que la ley de medios sale o sale. El tema es qué pasaría en caso de que también lo hiciera la modificación al impuesto cheque. Supongamos que desde el oficialismo se critique su "vicio de ilegitimidad" ¿no estará la oposición lista para hacer uso de la reversibilidad, y con ella la población que simpatiza con ella? En fin, esto muestra que la reversibilidad es un recurso bien limitado.

jueves, 22 de abril de 2010

La suerte de Clarín

Hace poco surgieron dos cosas que llamaron bastante la atención: las opiniones vertidas por Escudé en TN, la entrevista que salió en tapa de La Nación sobre el "nuevo gorilismo anti-K".

Esto se suma a otras dos cuestiones publicadas en el blog de Rubén Sentis: las ventas de Clarín han bajado; que radio nacional consolida la audiencia.

También hemos escuchado que NK se está recuperando en las encuestas.

Entre tanto, también está la "pelea" por la ley de medios. La estrategia de pararla judicialmente parece un manotazo de ahogado, pues la misma surgió sin que se expusiera un sólo argumento verosimil para refrendarla.

A fines de marzo, algunos saliern a decir que el gobierno utilizaba políticamente su política de derechos humanos. El argumento en realidad nos muestra cual es la concepción subyascente: bancarse la política de derechos humanos, siempre y cuando no tenga consecuencias políticas. Pues, después de todo, esto demuestra que no se trata de unos simples viejitos ya que los hechos del pasado manifiestan su influencia hasta el presente, y una revisión histórica, una rectificación del pasado, incluso una reparación, sin duda tendrá efectos sobre el presente, lo quieran o no quienes ostenten las prerrogativas del presente apoyadas en aquel pasado yla impunidad sobre el mismo. De más está decir que la edad no es argumento suficiente para defender la impunidad, como tampoco lo es la obediencia.

Pero creo que hay que agregar dos cosas. Por un lado: unos cuantos es están hinchados las bolas de Clarín. No me refiero a los blogueros que, en realidad, al menos en un caso como el mío, ante la incomunicación y la monopolización de la opinión por parte de los grandes medios, encontré en los blogs un lugar dónde no sólo había otras opiniones sino que además era factible salir al cruce de algo que se había escrito, y eso iba a figurar en la misma página del texto. O sea, se trata de una manera diferente de organizar la comunicación, mucho más democrática, sin duda. De algún modo se asemeja a la diferencia entre el desarrollo de software privativo y software libre.

El tema es que ahora salen (los de Clarín) a decir que en realidad los blogs son "la misma vieja política de siempre"; quiero decir: acusan a los blogs de ser a imagen de los medios dominantes... pagados por la política. Pero cualquier persona que se acerque y lea un poco se da cuenta, con gran facilidad de lo falso de lo que se está diciendo. Me parece que la última chance que le queda a este modus operandi es que la gente le tenga miedo a las computadoras, como la gente que no se anima a tocarlas por miedo a romperlas o algo así. En una palabra: el miedo.

Decía pues que unos cuantos se hinchan las bolas de Clarín. Y no me refiero con esto a la nota mencionada arriba en La Nación. Es evidente que La Nación se diferencia de Clarín. Hace algunos años los gorilas amigos decían que Clarín era un diario K y sólo se podía leer La nación. Esos mismo amigos míos ven perfectamente que Clarín ahora no es un medio de comunicación: es el órgano de la oposición... sólo que sin oposición. Por eso causa gracia cuando Nelson Castro pide a gritos que alguien en ese campo contruya hegemonía.

sábado, 3 de abril de 2010

¿Y ahora?

Dicen que todo exceso lleva en sí el germen de su propia destrucción. Algunos piensan que así ocurriría con el capitalismo, sólo que la historia no lo ha demostrado aún. Más allá de eso, excesos hay de todo tipo y lo que se vé facilmente es cómo no todos se miden equitativamente por ser mucho más notorio, al parcer para la mayoría, aquel que se produce en el otro, que el que cada cual suele percibir en sí. Cuando esta pareja de excesos tiene además diferencias políticas, entonces ocurre algo adicional: pendientes como están uno del otro tanto que no pierden oportunidad por sacar a relucir errores y falencias que ven fuera de sí en quien se ubicaría frente a él, pareciera que se van pasando la pelota y hasta que muchas veces lo que se señala es lo mismo, que cada cual pretende expulsar de sí para mantenerlo dentro del otro, es decir, de su idea de él.

Es común la referencia a un hecho similar: frecuentemente vemos como los críticos del liberalismo (entre los que gustosamente muchas veces nos contamos) destacan la combinación de una marginación de gran parte de la población, junto con una estigmatización de aquello que quedó allí, la cual sirve justamente a veces para adjudicar los defectos a los extraños, para vangloriarse de la virtud propia. Bueno, esto es algo similar, pero difiere. Consiste en algo de caracter mucho menos asimétrico y se asemeja a los que se da en llamar polarización, la cual no es celebrada por nosotros en general, si bien puede serlo ocasionalmente en un momento determinado, en función de ciertas finalidades.

Últimamente vemos varias referencias a las novedades de las encuestadoras, que ofrecen una merma del oposicionismo mediático entre las preferencias de "la-gente", a la vez que una recuperación de las figuras de la actual presidenta de la Nación y el diputado homónimo. De más está decir que esto coincide con un cese de las hostilidades agrarias que no han podido organizar este año ningún lock-out y ningún corte. Por otra parte, también se suele hacer referencia a ciertos indicadores de la actividad económica que indican el retorno a la "senda del crecimiento".

Parecería (o al menos me parece) que la crispación se ha visto reducida en intensidad. EL conflicto se relajó. Claro que esto no significa que no pueda vovler a darse uno similar, menor o mayor. Pero lo cierto es que por el momento hay lo que podemos decir un repliegue opositor, si no un repliegue de "la derecha".

Un post reciente de Ezequiel Meler, su autor dice que:
"Lo que sí preocupa, retrospectivamente, estriba en la creencia de que un gobierno, cualquier gobierno, es tan débil que no puede tolerar una movilización masiva en su contra sin contraatacar."

Al leerlo, noto que es cierto que restrospectivamente puede parecer preocupante, pero tal vez esto sea sólo claro retrospectivamente.

En cuanto a ahora, que como dice allí las aguas han bajado, parece que no podemos dejar de ver que el repliegue mencionado no es ocasión para ninguna embestida. En cambio puede emplearse el tiempo en dirigir la atención hacia plazos más largos de tiempo en sendas de sus direcciones.

lunes, 29 de marzo de 2010

Los medios y los blogs

En CI consideramos, contrariamente a lo que en ciertos casos se ha llegado a sostener en el peronismo así como en el tomismo y algunas otras doctrinas, que no existe una realidad única que pudiera servir a los fines de hacer valer como referente definitivo un argumento político en detrimento de algún otro. Es por eso que no nos sorprenderíamos si, por ejemplo en caso de "normalizarse en Indec", persistieran las discrepancias entre los economistas que basan sus juicios en la información que dicho instituto provee. Creemos además que dichas discrepancias están lejos de basarse en cuestiones de indole metodológico, cosa que corresponde meramente a una apariencia, que encaja de lo más bien en la escena pública mediática. Como prueba de ello podría aducirse la falta de correlación entre los indicadores de grado de convicción respecto a la discrepacia o acuerdo con respecto a una metodología determinada y el de conocimientos sobre el tema (aducir una "voz autorizada" no implica en este contexto más que una falacia ad verecundiam).

Ahora bien, el no contar con la realidad como referente absoluto para fundar esta categoría de argumentos, no ha de conducirnos a un relativismo respecto a los mismos ya que la exigencia de validez interna no por ello debiera ser menospreciada y porque las preferencias que se tengan son ante todo un hecho (más que consecuencia de reflexiones teóricas), incluso anterior de la justificación que se quiera dar a sí, por más que el principio postulado arriba pueda dar lugar a situaciones en las que posiciones convergentes (en un momento dado) hagan del dentido de los que los hace confluir algo esencialmente divergente, y que lo contrario ocurra en relación a emplazamientos divergentes.

Sentado esto, es obvio que el "poder" de los medios es fundamental no sólo por su capacidad de incidir en las interpretaciones de los hechos, sino porque hasta puede dirigir la atención hacia algunos y alejarla de otros o, como suele decirse, son capaces de marcar la agenda (más que un simple lector, por ejemplo, que sólo controla su propia atención y parcialmente la de los que tienen la suerte -o, ¿quién sabe?, la desgracia- de escucharlo). Y esto ocurre no sólo con respecto a quienes simpatizan con la lectura de los hechos y la jerarquización de los mismos en el montaje del medio de que se trate. De hecho, por poner un ejemplo, muchos posts parecen ser una respuesta a una artículo de algún diario como para refutarlo, etc.

Esto quizá sea lo que haga en general de la blogósfera una entidad rectiva de los medios: ya sea que hagan eco de sus enunciados, ya que salgan a responderles. Parecería que tras habernos enterado de que no hay realidad en sí, nos terminamos conformando con el montaje correpondiente a la puesta en escena mediática en la que parecería que todos comulgamos, hasta tal punto que muchos se asombran en determinadas circunstancias cuando en los diarios no se hace mención de tal o cual hecho, cosa que se refleja en el "ningún medio lo levantó".

Tal vez las "repercusines en los medios" que ostentan los principales blogs conduzcan en el sentido de hacer mermar el caracter reactivo, cosa desde todo punto preferible a una asimilación por ejemplo con una incorporación de los más populares a los modos tradicionales de montaje de la realidad que nos parece común.

domingo, 28 de marzo de 2010

¿Quienes hacen un uso político del asunto?

Hablando con diversos tipos de fachos ví cómo es su costumbre en general el catalogar los "derechos humanos" como de "ideológicos"; como si hubiera una ideología de los derechos humanos, y además, zurda. En ese contexto, muchos además hablan del mentado "uso político" (cosa en la que caen además muchos no fachos).

Algunos pretenden una suerte de debate ideológico entre "derechos humanos" y "mano dura". Sin embargo, cabría notar que rebajarlo a debate ideológico conduce a una banalización de la cuestión que nos retrotrae a, por qué no decirlo, formas incivilizadas. En efecto: los derechos humanos trascienden toda disputa ideológica pues se pretenden imparciales. Sugerir su parcialidad es en realidad un error de concepción. Como cualquier otro derecho, la tendenciosidad de pretender su universalidad es sólo concebible en un estadío histórico en el cual no está dada la misma. Así, si por ejemplo concebimos una sociedad donde algunos de sus miembros tengan ciertos derechos y otros no, postular su universidad podría ser considerado como "político". En cambio, superado ese estadío (no soy adepto del evolucionismo, pero creo que hay cosas que definitivamente son parte del pasado), dicha universalidad, una vez alcanzada, ya no puede ser considerada como política sino que tiene un caracter anterior, algo así como de "condición de posibilidad" de la política al modo en que los son las formas puras del pensamiento en relación a la experiencia de los fenómenos para la lógica trascendental.

martes, 9 de marzo de 2010

Un aspecto del apoliticismo

Si consideramos la masa de electores podemos considerar que existe una división en ella que concierne a la relación que mantienen con las diversas opciones que tienen para elegir. Hay quienes mantienen una cierta relación de fidelidad a lo largo del tiempo, siendo incluso capaces de mantener su preferencia a través de sucesivos mandatos. Si bien la idea de esta porción del electorado puede tal vez concebirse confusamente por el hecho de que las variaciones existentes en la mimsa oferta electoral hacen que dos electores con comportamiento diverso (y hasta posiblemente opuesto) puedan ser catalogados a éste respecto de fieles. Sin embargo, se simplifica si se opone de entrada a esta porción del electorado otra que de un caracter mucho más migratorio, llegando a repudiar la elección que realizó en el pasado, ya sea sobre un partido o sobre un candidato.

La utilidad de este esquematismo no apunta en la dirección de pronósticos electorales sino, en cambio, a la comprensión de la lógica del modo en que se emprenden determinados debates políticos en la cultura de masas o en el seno de la opinión pública. Así, en la segunda clase de electores, aquellos no-fieles, vemos por el contrario en ocasiones cierta conducta consistente en migrar de una opción hacia una contraria a modo de represalia en cuanto se vió frustrada su expectativa política.

Son los resultados mismos que arrojan las contiendas electorales prueba suficiente de la existencia de tales migraciones, ya que diveros "campos" político-ideológicos se van sucediendo sin que se establezca una supremacía definitiva de uno sobre el otro. Este hecho lleva a pensar cada campo como una fuerza compuesta con un núcleo duro fiel (militantes, por ejemplo) que de por sí es insuficiente para imponerse, necesitando del favor del sector migrante o móvil para imponerse. Si bien existen movimientos en el interior del núcleo de las fuerzas (escisiones, fusiones, conversiones, etc.), su comportamiento es radicalmente diverso del campo migratorio, en el cual la discontinuidad tiene mayor preponderancia que la continuidad. Si se quiere, se puede concebir un continuum que va desde la más inconmovible certeza política (o religiosa, según los casos) hasta el así llamado "apoliticismo" (entendiendo éste no como una conducta que no incide realmente en el juego político sino que, como venimos diciendo, su incidencia es de una manera particular, que intentaremos describir).

Una rasgo entonces del apoliticismo sería el no compremeterse demasiado con una opción política en lo que ésta tiene de relato o de discurso aspirante a ser referente de la verdad. El apolítico, entonces, no cree demasiado, dice, en lo que ofrecen los políticos, y si elige a uno sobre otro no es necesariamente por lo que este ofrece explícitamente. Cabe acá hacer una distinción, pues esta clase engloba especies distintas. Al interior del apoliticismo cabe separar los escépticos, aquellos que además de no defender fervientemente a ninguna de las opciones, realmente no lo hacen, y aquellos que no obstante declararse no partidarios, su conducta puede interpretarse plenamente como tal. Desde el punto de visa considerado acá, sin embargo, esta diferenciación no es fundamental, pues el escéptico (por definición) no puede darse el lujo de mantener una preferencia política en el largo plazo, y deberá variar con cierta periodicidad (por más que no por ello deba compartir realmente los postulados y discursos que conforman la eventual opción que elige), tanto como el apolítico que sólo en apariencia es escéptico pero que en su conducta se revela por vía indirecta su creencia. La apariencia de escepticsmo se da en relación a sólo uno de los componentes de la oferta política, mientras que su preferenia por la opción contraria muestra que la misma es sólo una apariencia.

Ahora bien, cabe hacer un comentario descriptivo acerca del escepticimo aparente. Sus idas y venidas tienen, en estos casos, un llamativo aspecto de respuesta a haberse visto frustrados por sus elecciones pasadas: habiendo votado por x, con una determinada expectativa, el mero paso del tiempo lleva a que ésta se frustre, lo cual lo mueve a hacer cosas como lo que, por ejemplo, en el pasado, se solía llamar "voto castigo": enojado con su elección pasada, se venga de ésta votando a la alternativa contraria, por ejemplo (puede entonces elegir una opción contraria como muchos en 2009, una opción nula como muchos en 2001, etc.). Debemos fundar lo que decimos respecto del "mero paso del tiempo". Es que partimos de un punto de vista diverso del corriente, y en cierto sentido parecido al otro escepticismo. Si bien en general (así los proponen los partidos y sus candidatos, tanto como el núcleo duro de los mismos y también los medios cuya importancia radica en que es en ellos mismos donde en nuestra era se libran más que en otro lugar las contiendas políticas) se cree que la política dara todo lo que dice que dará, la historia demuestra que en las expectativas que la misma genera hay un componente para lo cual esto imposible, es decir, un componente de instatisfacción que solo en ciertos momentos históricos cede frente a la ilusión, para luego retornar a la insatisfacción. Este aspecto resulta ser necesario de seducir en la existencia de todo ciclo, y su frustración no tardará en llegar, tarde o temprano. En esta concepción, a diferencia de la tradicion liberal, no cabe imputar a un sólo sector político el usufructuar de dicho aspecto ilusorio de la política pues es propio de todo ciclo (izquierdas, derechas, populistas, liberales, etc.), al menos en nuestro país. Si se quiere, se puede describir las cosas como si éste fuera el aspecto populista de todo ciclo, ya sea de izquierda o derecha (si bien me parece imprecisa esta formulación). Así, existirá la ilusión y la frustración kirchneristas, tanto como la aliancista, como la menemista, la alfonsinista, etc. (nota: no resulta casual que en la serie precedente todos los periodos se designen con nombres propios, con excepción de uno sólo). Y, como una novia despechada, el escéptico partidario abandonará a líder a quien había preferido en el pasado para elegir después a su adversario, albergando en su conducta una porción de venganza.

jueves, 28 de enero de 2010

Economía y epidemiología

Sin duda hay quienes aseguran -junto con Aristóteles-, que es preferible una administración de gobierno que quede reservada a los mejores, por más pocos que estos sean. Por otra parte, debe concederse que, al menos en un país como le nuestro, parece dificil una que lo haga para todos. Y no se trata simplemente que las prerrogativas de unos sean incompatibles con los beneficios del resto, confomando un conjunto donde no exista una propiedad común en la cual centrarse para gobernar y que lo subsuma bajo la misma clase, el mismo término. Mucho más notorio (y menos tendencioso) es que arraigadas convicciones, o mejor, costumbres, escinden el conjunto dandole un aspecto dinámico en sí mismo inconsistente.

Pero lo peor de todo es que dicha inconsitencia es inasible. Quiero decir, simplemente, que el clivaje que lo fragmenta no puede ser considerado (ni i quiera referido) a un dato "duro". El conflicto puede ser visto como síntoma de dicha inconistencia, pero es obvio que siempre versa sobre algo cuya resolución sería insificiente para terminar de una vez por todas con él. Incluso si dejándonos llevar por una especulación suponemos que uno de los polos del conflicto se ha librado del otro, nos veríamos conducidos al problema de no poder especificar, a ciencia cierta, donde empieza y dónde termina aquél.

Esto parece de lo más desesperanzador (y sin duda lo será para un hegeliano) ya que reduce toda la dialéctica a una pasión inútil. Pero en realidad siempre se puede sorter tomando, más o menos dogmáticamente, cualquier elemento como clivaje e intentar una postulación que, procurando desplazar el centro, se abstraiga de esto.

Por ejemplo. El desarrollo podría pensarse que conrresponde a un ideal común en pos del cual podría conducirse al conjunto. Obvio que esto no es asío de modo cabal. Por ejemplo ¿esconcebible un país desarrollado cuya economía sea predominantemente primaria? Como no tengo idea, no reponderé la pregunta. Con respeto a la pobreza puede pensarse de un modo similar ¿no sería caso un ideal común el elevar las condiciones de vida hasta el punto de que la pobreza sea reducida al mínimo? Claro que no todos acordarán con tal ideal; algunos por encontrarlo contrario a otros que privilegiarán, algunos por encontrar su formulacón un sesgo que introduce concepciones o tendencias inadmiscibles, etc.

Ahora bien, lo que no puede negarse es que el tema de la pobreza puede considerarse desde dos puntos de vista: el individual y el poblacional. Procediento de un modo un poco metódico formularía la cuestión enb estos términos:

Una gran concepción liberal considera preponderantemente a la pobreza como un problema individual mientras que otra lo ve como problema poblacional, justamente aquel sector que según una expresión surgida de la otra concepción podría considerarse como de tendencias «estatizantes».

El punto de vista individual equivale a consierar una escala que va del individuo más pobre hasta el más exitoso empresario y ver su desarrollo personal al modo en que un médico clínico verá el estado de su salud. Si está enfermo buscará su exposición a factores de riesgo: tal vez no adquirió el hábito de salir a correr, o no abandonó el de fumar, etc.

Visto poblacionalmente el asunto cambia. Y no se trata -como hacen algunos- de ver la presente dicotomía como una en la que unos "culpen" al individuo desgraciado del mal en que se encuentran y otros los exculpen alegando situacones generadas por el conjunto que escapaban al control de su voluntad. En realidad esta perspectiva es una versión más del -llamémoslo así por diversión- "modelo liberal".

No es causual, por ejemplo, que el individualismo se encuentre asociado con una conducta para la cual sería necesario preoveer algún nombre preciso, y que consiste en comparar, con mayor o menor frecuencia, nuestra situación con la de lois países del primer mundo. Sería vano insistir en este punto, pero podríamos aplicarle el nombre de "eurolatría" o, para ser más generales, "amolatría" y que los países usados como referentes son los que tienen el poder en la comunidad de las naciones.

En este post me quería referir, sencillamente y mediante a una comparación, a una pequeña falacia (muy común por otra parte) que es explotada por los "eurólatras".

Sucede que uno puede determinar, o pretender determinar, en el marco de una sociedad, la existencia de una factor de riesgo de una enfermedad (y, si extendemos por comparación, de un problema social). El concepto de riesgo relativo es aplicable si su distribución en la sociedad no es homogénea.

Uno puede preguntar ¿porqué unos individuos desarrollan tal enfermedad y no otros? o ¿Porqué determinados individuos son pobres, etc.?

Si uno considera la presión arterial sistólica en varones de edad mediana en Kenya y en la población formada por los funcionarios públicos londinenses, ve que en cada población la variación de la presión arterial es proporcionalmente la misma, pudiendo llegar a conclusiones similares en ambos casos que pueden plantearse como universales o, como mínimo, comunes a ambos, y principalmente contemplando cuestiones genéticas. Y esto conduciría a que las causas de los casos son las mismas en una población que en la otra.

Sim embargo, esto contrasta con un hecho: la hipertensión no existe e nKenya y es común en Londres. Es decir que pese a variar del mismo modo, los valores que se obtienen en cada caso correspondientes a la presión arterial hacen que la curva que describe la su distribución normal esté corrida hacia la derecha en el caso de los londinenses, en contraste con la población masculina de Kenya. Rusumimos esto del siguiente modo: los factores determinantes de la incidencia (del número de casos en una población dada) no son necesariamente los mismo que las causas de los casos. Es decir: las causas de los casos eran las mismas en Londres y en Kenya, pero saber esto no servíría de nada pues la incidencia es mucho mayor en el primero, y no se nos dice con esto nada acerca de dicha diferencia. (El lector encontrará desarrolado esto en el texto de Geoffrey ose "Sick Individuals and Sick Populations")

Ahora bien, si conducimos al lector (si es que tal cosa existe) por este rodeo es para mostrar ahora cierta ilusión congnitiva producto de no tener en cuenta lodicho arriba. Si (como hace mucha gente tal como pudimos comprobar en un estudio "de campo", es decir, en conversaciones comunes indagando este punto) tomamos a la pobreza del país como una cualidad compartida por el mero agregado del conjunto de los pobres, y si la vemos ligada a ciertos "factores de riesgo" (el lector mismo sabrá encontrar ejemplo de cómo se suele pensr esto), entonces, según el procedimiento centrado en los individuos, podemos decir que los pobres de acá son conducidos a tal situación a partir de las mismas causas que los conducen a los que viven (o vivirían o vivieron) en Londres, Zurich, Paris, etc. Creeremos que los individuos del primer mundo ha logrado vencer esas causas que siguen aquejando a los que viven por estos lares. Sin embargo, dado que, como vimos, las cuasa de la incidencia no son las mismas que las de los casos (no necesariamente) y que, hya que reconocerlo, la incidenia de la pobreza es mayor en Buenos Aires, San Pablo o Caracas que en Nueva York, Londres o Amsterdam, entonces podemos concebir claramente que quizá se trate de otros determininismos insospechados pra el punto de vista individual.

domingo, 10 de enero de 2010

Gobierno y oposición

¿Sería posible llegar a un acuerdo, si bien mínimo, de lo que debería hacerse desde la gestión de un gobierno?

En primer lugar, la existencia de los debates políticos inclinarían a responder que sí, pues de otra manera éstos no prenderían, es decir, no se generarían respuestas. Si, por ejemplo, hubiera un desacuerdo absoluto en este punto, algo así como dos perspectivas cuya mutua subordinación a una común fuera imposible por carecer de puntos de contacto, entonces los portavoces de las mismas no se verían en la obligación de tener que refutar los argumentos contrarios a los suyos, y mucho menos con un ánimo exaltado, cosa que parece frecuente. Sin embargo a esta idea se le puede objetar lo siguiente: podría ser perfectamente que existieran al menos dos perspectivas cuya reunión resulte absolutamente inconsistente (o sea: que no puedan articularse en alguna perspectiva que las subordine a ambas y que sea consistente en sí), pero que las discusioens se debieran a que ninguna tendría en sí el caracter de aceptación mayoritaria en la sociedad, condición indispensable para su ejecución bajo nuestra organización política, de modo que los debates a que nos referimos no son teóricos, no apuntan a dilucidar las cuestiones (como en la ciencia) sino que son retóricos, apuntan a generar adhesión de la opinión pública para así determinar los hechos.

Existe todavía otra interpretación de lo mismo: las discusiones se deben a la suposición de que es posible mover al interlocutor a incorporar la idea propia en desmedro de la que tenía él antes. En una palabra: convencerlo. Sin embargo, la experiencia demuestra que tales convencimientos sólo constituyen hechos aislados y pueden ser asimilados a las "conversiones" propias de los religiosos, no resuelven el "fondo de la cuestión". Pero veamos que esta alternativa supone que quienes se entregan a una de estas discusiones sí tienen, para-sí mismos, la esperanza de refutar al otro en la dialéctica, es decir, de forzarlo a reconocer que su idea estaba equivocada y que la del otro es necesario aceptar, entonces, lo que tiene es un convencimiento de que existen principios comunes a ambos, propicios para su objetivo.

Pero también hay otra cosa que decir: muchas veces de cree dar con principios de este tipo, principios de naturaleza "superadora", cuando en realidad sólo se toma una parte la asunto, reduciendo alguno de los argumentos y, por ende, de mantenerse terco alguien con alguna idea de estas que son sólo en teoría superadoras, lo único que conseguirá es mostrar su soberbia a su adversario.

Lo que vemos entonces es que existen dos manera de encarar esto: o se piensa a cada parte de la discusión como representando una concepción o teoría, etc.; o se piensa que sólo existe la discusión puntual y en ningún caso se la quiere referir a un marco teórico. Esto es lo que quería resaltar.

En una primera mirada diría, y a riesgo de inclinar demasiado rápido al lector en favor de una u otra, que suele ocurrir que estas dos manera de considerar las cuestiones incluyen ya un cierto sesgo, el cual puede ser relacionado a algo que, si bien no diríamos ya que es cosmovisión o teoría, al menos parece que cabría el nonbre de escuela. Una primer dificultad propia de la segunda posibilidad, más frecuente en los escépticos, en los empiristas, materialistas y positivistas (y que podríamos designar "atomista") es que si uno puede predecir qué posición tomará en relación a alguna cuestión futura algúno de sus representantes, entonces puede concluir que hay cierta "sistematicidad" en su pensamiento, cierto holismo, cierta "concepción", aunque sea minima (tal vez sea su caracter minimalista lo que termina siendo su cualida esencial). La primer dificultad de la posibilidad que mencionamos en primer lugar, que ferecuentemente se denomina como "holismo" es que por ser enteramente prescindente de un sustrato empírico, por ser racionalista, puede conducir a un convencimiento que, lejos de basarse a su remisión a los hechos, a un objeto, se basa con frecuencia en una certeza subjetiva, algo similar al cogito, ergo sum. O sea: se trata de una especie de íntima convicción, sólo remite a su sujeto y por ende conduce a un relativismo, por más cruces que se produzcan (y de hecho son frecuentes) entre las distintas "subjetividades" a partir de sus diversas "conviciones".

Con frecuencia leemos en los diarios o escuchamos a "analistas" referirse a este país como uno en el cual las cosas se hacen mal. Y eso, en cuanto se lo compara con otros, más que nada, los que supuestamente hacen las cosas bien o, como diría Ana C., aquellos que deberíamos imitar en todo, aquellos que, diría yo, lideran las estadísticas de la OMS la ONU, etc., en lo conserniuente a indicadores económicos, de salud, etc. (los que son positivos, claro). ¿Es tan así? Quiero decir ¿no exageran quienes pintan las cosas de ese modo, mostrándonos a ésta como a una sociedad sumamente salvage y primitiva y aquéllas como reinos impecables donde nadie ni papeles en el piso pueden encontrarse?Ante esta cuestión, no cabría, creo, conformarse con el clásico argumento, esgrimido desde el populismo, de que como el pueblo no visita el extrangero irle con eso es necio, y que lo importante es lo que concierne al pueblo. Sucede que ambas cosas podrían ser exactas y la cuestión quedar sin decidir.

Pero esta cuestión se enlaza a otra, y eso hace que resulte de una importancia mayor. En efecto, solemos escuchar, y parece verosímil, que en nuestro país ocurre que los diversos gobiernos son contradichos por quienes los suceden, que lo que hace uno es revisado luego y así, parecería que se está en las fases preliminares de la historia. Ahora bien ¿podemos conformarnos con pensar que mientras esto es así en estas tierras, en paises desarrollados las cosas ocurren de otra manera, las políticas se mantienen, los diversos partidos suceptibles de acceder al gobierno mantienen todo lo esencial en su mismo cauce? Y además ¿resulta este hecho, en caso de ser así, el motivo por el cual, justamente, se dice que esas son naciones desarrolladas mientras que la nuestra sólo en vías de serlo?

Ahora bien, primero habría que demostrar lo concerniente a nuestro país. Las discusiones cotidianas de los diarios muestran que, en efecto, el gobierno es pintado (al menos por los diarios de mayor tirada) como profundamente antipopular, en el sentido de que la gente estaría harta de él. Claro que el gobierno responde con que es él un gobierno justamente "popular" si bien en un sentido distinto. Pero lo que vemos es lo siguiente (restringiendo nuestros comentarios al último período democrático): De la Rúa no llegó a terminar su mandato: no lo quería nadie. Menem tiene hoy una pésima imagen (y llegó a tenerla, en el 2002, probablemente mucho peror). Alfonsín tampoco terminó su mandato. Sin embargo, todos esos gobiernos fueron votados. ¿Entonces?

Hay dos primeras justificaciones de esto, cada una de las cuales se corresponde con las dos grandes corrientes políticas nacionale. Por un lado, la versión llamemoslá conservadora: los gobiernos llegan al poder pero sus políticas son malas y todas las ilusiones que habían generado en sus votantes son frustradas, motivo por el cual éstos le quitan su apoyo y termina cayendo. Aquí encontramos por ejemplo el pensamiento de Clarín, La Nación, Crítica, etc.

Por otra parte, según una explicacion más, llamemosla, populista, la descripción misma estaría falseando los hechos pues estaría igualando como manifestación populas hechos de naturaleza diversa algunos de los cuales no lo sería. Así, la supuesta antipopularidad del actual gobierno sería principalmente impulsada por las estrategia de los médios a partir de su poder monopólico de formar opinión y no sería lo pronunciada que ellos dicen.

Puede verse que, mientras que unos prefieren culpar, de alguna manera, a los mismos gobiernos, es decir, a lo que es en sí algo público, los otros prefieren culpar a las empresas, es decir, lo que es privado.

A lo primera le criticamos, en primer lugar, lo siguiente: se centran (quizás paradójicamente) demasido explusivamente en la gestión del gobierno, como si todo dependiera de ellos, como si fuera el único factor en juego y, sobre todo, el único a quien culpar cuando las cosas salen mal. Pero al hacer esto de abstraen de las conexiones existentes entre las diferentes corrientes en diferentes períodos. Así, para ellos sólo hay malos gobiernos, y no existen diversas políticas viables entre las cuales decidir. Incluso parecería que para ellos habría una sóla política válida toos los gobiernos serían malos pues, o bien no la aplican al pie de la letra por oponérsele, o bien les falta ser aún más aplicados.

Lo que podemos criticarle a la segunda es que tiende a moralizar y a identificar lo popular con lo bueno. A partir de ahí, todo lo popular es bueno, y si algo es malo y popular, entonces es impuesto por algún factor de poder cuyo fin es engañar, etc.

Estas son, probablemente, las dos corrientes principales en este país, las que remarco por parecerme las únicas capaces de generar consenso suficiente como par aalcanzar el gobierno.

Claro que podrían decirme que no hay sólo dos opciones de consoderar estas cosas, que muchos no se sienten representados en estas posibilidades, y que hay 600 otras que no estoy considerando. Pero como la idea es pensar lineamientos suficientemente generales como para que cualquier sector político los tenga por propios y hasta su más adverso partido también lo haga, sucede que si no se puede conglomerar todo el abanico en dos polos, menos aún podrá hacerselo en uno.

Además, críticos o no, aquellos que simpatizan con las políticas del gobierno pueden incluirse en el conjunto que constituye uno de los polos. Por otra parte, del conjunto de la oposición, es obvio que sólo aglutinandose va a poder ser gobierno en el futuro, y si bien es obvio que no lo haga toda la oposición, la fracción de la misma capaz de hacerlo es la que es políticamente relevante e ntanto oposición (podría ocurrir que una parte de la oposición actual sea gobierno con parte del oficialismo, pero ahí la situación es otra).

Quizás debieramos ser más escépticos y pensar que la política es esencialmente el ámbito de la agresividad y que todas las discusiones conduzcan sólo a mayores discusiones y que sus interlocutores se referencien en concepciones como los hinchas de futbol son de tal o cual club. Esto eslo que parece cuando uno lee los comentarios de los diarios y de los blogs.

viernes, 8 de enero de 2010

La autonomía del central

La "autonomía del banco central" ha adquirido en este momento, que se inicia con las noticias sobre el futuro de la presidencia de dicha entidad, una consecuencia evidente: se desplaza una cuestión concreta y circunstancial hacia una elevació metafísica: el ideal de autonomía.

Es decir, concretamente, la cuestión es el pago de la deuda, después el fondo con resservas, luego el cargo del presidente del banco. Y la información, tarde o temprano (más temprno que tarde) apunta a lo siguiente: el matrimonio K avasalla la autonomía del central, que se convierten en el nuevo santuario sobre el que hablaremospor algún tiempo. Algunos (por ejemplo desde La Nación) ven un efecto paradógico en que una medida que apuntaba, según él, a ser una "señal a los mercados" termine generando desconfianza en ellos, y tensión (comantario aparte, Pagni dice en la nota de tapa que dicha expresión "señal a los mercados" es expresión bien propia del vulgo. Error: lo es de periodistas -no por nada llega a u pluma tan pronto en su artículo-y de economistas -al menos los mediáticos-. Segundo: -y como indicó Mugrave la tapa de la nación dice, curiosamente "gran preocupación en los mercados ... el dolar subió un centavo".

Pero en realidad hay que decir que no hubo tal efecto paradójico: los mercados no son los artículos de los diarios o los enunciados de sus economistas. Si no, si fuera así, bastaría con que celebren una medida para que sea exitosa, o que la critiquen para que fracase. Pero el componente sugestivo de la economía no es tan potente: no puede desmentir lo real.

Así, "reacción de los mercados" no es algo quela suba en el dolar de un centavo pueda tasar con exactitud. Ver allí una suerte de "sanción" de "los mecados" a la acción del gobierno es una banalización de una naturaleza extrema.

Otro ejemplo de la cretinización, en este caso de Clarín, página 4 del 7-01. En el centro un cuadro de dle entrada: "A favor del gobierno" de un lado "Defensores de Redrado" del otro. Figuran, debajo, cuatro foros. Dice así, debajo de una de ellas: " ... punta de lanza del gobierno en el central", otra "Defiende a ultranza a los K"; y las otras dos "se opone a usar indiscriminadamente las reservas" y "Vinculado a Lavagna... se alinearía con Redrado".

Esto muestra el habito simplificador y, por qué no decirlo, futbolero de esta gran diario. Todo el análisis se centra en esto: hay dos bandos, los buenos y los malos (punta de lanza, ultranza y K seusan para denotar el mal; el bien está representado por Lavagna y la oposición al uso ,indisciminado). No se habla si quiera de que existe una deuda, que se puede pagar, qué representa la suma en cuestión para ee banco, etc. y todas las cuestiones que se podrían plantear al repecto que escapan al alcance de este blog po supuesto.

Se cómo no sólo la "estrategia de polarización" no es patrimonio exclusio de NK (como se sugería en tiempos preelectorales) sino que pareciera ser la única estrategia a adoptar si el campo de la disputa es el de los medios masivos, estructurado como ahora lo están. El efecto más llamativo de esta banalización, que muchos blogueros siempre indican, es el que personajes que eran considerados nefastos, cuasidemonios, pasan a ser, tras una renuncia o lo que fuera, los nuevos próceres. Parece entonces que hay una tendencia en el propio periodismo, en los medios y en la opinión pública a no poder no sólo desprenderse de este tipo de "análisis" sino de llevar todo a un análisis de este tipo, la cual parece una ley inexorable.


"siempre junto a la urbe"