sábado, 30 de octubre de 2010

Muerto el hombre, instaurado el símbolo

Este post es escrito por alguien que, en el fondo, entiende poco y nada de política, por lo que seguramente ronde por cuestiones que no sean preguntas para nadie casi, pues habrán respuesto tales cosas tiempo ha. Lo primero es ¿por qué tanta gente fue a despedir al ex Primer Damo? Es decir ¿Eran todos kirchneristas? Esta pregunta, tengo la impresión, está mal planteada. Podría preguntarse antes:

¿Cómo pudo haber perdido Nestor Kirchner las elecciones últimas con semejante despedida por parte de las masas? Y esto nos lleva a: o bien todo ese volumen de gente, que dificilmente llegue a convocarse para despedir otro político en la Argentina actual, no es suficiente para obtener una mayoría electoral; o bien sí lo es, pero la muerte de Kirchner produzco en muchos algún cambio en su parecer.

Si optamos por la primer alternativa, tendremos que suponer, por ejemplo, que la masividad de la muestra no es representativa del universo. Así, podríamos imaginar que los que fueron son sus votantes y el resto no, por lo que por más masivo que haya sido el velorio, no es de por sí la mayoría. Si esto es así, nos lleva a lo siguiente: en cuanto a lo electoral, no importa tanto cuanto lo sigan a alguien sino cuantos.

Si a alguien lo sigue un grupo muy convencido, seguramente tendrá todos sus votantes en su despedida, si quienes lo siguen lo hacen ólo circunstancialmente y sin mayor admiración hacia su persona, su velorio no tendrá mucha participación, pero electoralmente puede tener mejores resultados. Hay algo no obstante que es cierto (que los peronistas suelen decir con razón): que en el primer caso se cuenta con una ventaja en la dimensión temporal.

Así, en la dimensión estática el grado de simpatía despertado es secundario, siempre que sobrepase el umbral del voto, mientras que en la dimensión temporal o a largo plazo se convierte en esencial, por más que pueda no verse circunstancialmente representado en los votos, en alguna oportunidad (28-6).

De los presidentes últimos, es decir, desde la recuperación de la democracia, sin duda los más populares son: Alfonsín, Menem y Kirchner. ¿A qué se puede atribuir esto? Quizá a que son los que más tiempo estuvieron en el poder: 5 años y medio, 10 años y medio y 4 años y medio. De ellos ya murioeron 2, ambos con una depedida masiva. Sin ánimo de entrar en disputas partidistas podríamos plantear cuál de los dos tuvo un velorio más masivo, no para comparar su grandeza personal, sino desde otro punto de vista, para ver su influencia en las masas, como si compararamos la venta de dos productos de distintas marcas independientemente de su calidad. Y además ¿cómo será el funeral de Menem? Un dato es concreto: en el caso de Kirchner, su funeral fue como el de Eva Perón, es decir, como primer damo, su mujer en el gobierno y, muchos parecen decirlo, él en el poder (esto e nesto, de ser así, se diferenciarían). No quería entrar en esta cuestión, que fue muchas veces dicha por la oposición, pero que ahora los mismos kirchneristas la plantean, preguntandose por cómo repercutirá esto en el liderazgo de Cristina, claro que en esa pregunta no se trata sólo de esto, pues también puede uno apuntar a en qué medida ella, como ex mujer de él, se ve afectada, etc. La oposición no duda mucho, y dice que el poder era de Néstor y que ahora Cristina tiene que ver qué hace, lo dijo Rosendo, lo dijo Blanck. Muchos han respondido que el velorio demostró, entre otras cosas, la fuerza de Cristina, tanto la suya propia como la de su influencia en las masas, reflejado en la consigna principal de "Gracias Nestor, Fuerza Cristina".

Ahora podríamos considerar la otra alternativa que teníamos: la de que la muerte de Kirchner haya modificado la relación entre él y las masas. Podrímos conjeturar que muchos, con su muere, se han vuelto más kirchneristas, es algo completamente posible. Esto llevaría a pensar que, en la dimensión electoral, el kirchnerismo es ahora más numeroso que antes, siempre que (y es primera cuestión que se planteó, como dijimos) el kirchnerismo se alinee a Cristina y no entre a desarticularse en conflictos internos.

Lo que no deja dudas es que Kirchner es un líder que supo despertad una apasionada simpatía por parte de muchos, logro que en cualquier país queda reservado para unos pocos. Dicho en términos más populistas: el pueblo, a Kirchner, lo quiere. Y ahora vuelve la pregunta:

¿pero lo quiere ahora que lo perdió? Es cierto que ahora se suele hacer referencia a todo aquellos que Kirchner dejó: la marca, impronta, etc. Pero es indudable que algo se llevó con él.

Claro que sería injusto decir que "el pueblo" lo quiere sólo ahora que lo perdió, pue santes también lo quiso. Es curioso pero del 2003 para acá participó en dos elecciones: las dos las perdió. La primera con Menem que, sin duda con gran cobardía, decidió abandonar la continda dandole la victoria sin necesidad de balotage. La segunda ¡con De Narvaez!

Y acá tenemos un contrapunto entre Menem y Kirchner. Mientras que el primero, en 2003, teniendo que enfrentar a Kirchner, desistió por no perder, tal vez para no arriesgarse, exponerse, el segundo, en 2009, sin tener que postularse (porque nada lo llevaba a tener que ser candidato) quiso hacerlo pensando que... (vaya a saber qué).

Tal vez sea cierto que el kirchnerismo tuvo su repliegue por la influencia de los medios en las masas. Las mismas masas que lo lloran y cuyo pensamiento, por qué no decirlo, suele estár prendido de la tele o la radio. No entiendo cuando los kirchneristas P (en lugar de Peronistas K) minimizan el valor de los medios masivos.

En fin, no puedo prolongar mucho más este post que no es más que un homenaje a NK.

domingo, 3 de octubre de 2010

El discurso de la Seguridad

Aca Manolo nos da una lección de Seguridad, sin privarse de ampararse para ello en La República. Puede ser que para el político lo más astuto sea tener capacidad de movimiento de forma tal que cuando la ciudadanía, o el pueblo, o la gente, se ha cansado un poco del mismo discurso que era el que quería escuchar durante todo el transcurso de un lapso precedente, necesita otro, ya sea de caracter revsionista, reaccionario, revolucionario, etc. A tales fines uno puede celebrar un posicionamiento ambiguo, el que se alcanza de manera muy convincente del siguiente modo: citando izquierdistas para lor argumetnos de derecha y derechistas para los de izquierda. Claro: no es el caso de citar al hermano de Glaucón si uno quiere suscribir, si bien de forma crítica, al discurso de la Seguridad.

Pero ciertos principios son de una naturaleza tal que no se los puede negociar, y en cuanto a la seguridad, la cuestión ha mostrado que aún no se define. Pues es cierto que se puede sostener que la acción del sistema penal de nuestra sociedad proviene, históricamente, como sugiere Manolo, de la venganza privada, elevada a una fuerza institucional y pública. Pero de ahí a abogar en favor de mantener la vigencia de esa relación hay una pequña decisión, que es la misma que vuelve confusa la línea divisoria entre lo que la ley obliga y lo que prohíbe.

Es cierto que el discurso de la seguridad no pide paz, sino venganza. De ello algunos inferirán, quizá, que no será paz lo que lo satifaga, sino la vengnza. Aquellos que, bastante occidental y cristianamente definan como “los elementos que no alcanzaron el nivel de civilización que la ley puede representar” a quienes están en la mira en lo que a seguridad se refiere tendrán, como lo muestra la experiencia, el ideal de la normalidad como norte, ya se crean capaces de alcanzarlo con más Salud y Educación o con Vigilancia y Mano Dura, recurriendo al castigo ejemplar.

Hay que decir que la Seguridad está siempre en manos de la policía, por lo que el argumento (que escuché con frecuencia ultimamente) de que no pueden actuar, etc., se saltea una pequeña pregunta por qué es lo que quieren hacer, para qué quieren más poder, más legitimación, etc., las furzas de seguridad.

martes, 22 de junio de 2010

El fin de los K o un error de la oposición

Ya son menos los que niegan que el fin del kirchnerismo fue un anuncio precipitado y hasta parece que estamos presenciando un repunte del mismo. Retrospectivamente, vemos que muchos columnistas de la oposición (cabe agregar aquì que muchos oficialistas han coincidido en este punto con ellos) han quedado en off side por haber cantado victoria antes de tiempo. Esto beneficia al gobierno. Y creo que el error de calculo ha sido el siguiente: se apostó a una convulsión tipo 2001, que terminaría indefectiblemente en la caída del gobierno, y que entonces sería muy sencillo que un gobierno de derecha restablezca el orden conservador. Para eso, se montó una escenografía mediática completamente pesimista, y mucha gente realmente "se la creyó" pues ¿cómo iba a ser de otra manera, si la realidad socio-económica es una construcción y quienes tienen un lugar privilegiado en la realización de dicho montaje la presentan como nefasta a diario? Cuando digo "se la creyó", es obvio que no estoy diciendo que unos anden equivocados y otros en la verdad, ya que en cuanto a la percepción se refierea, todo es secundario a una doctrina, y en verdad no hay una única doctrina que pueda imperar. Pero sin duda hubo un error táctico de la oposición, que parece haber sido, paradójicamente su "optimismo" en cuanto a que los K eran historia. En efecto, su continuo criticar sin matices terminó por ofrecer al público una concepción sumamente simplista que sólo podía sostenerse en tanto y en cuanto el humor social estuviera maníaco. La manía es solidaria de concepciones simplistas, incluso delirantes, las cuales se caracterizan por tener poca vida. Y la "bajada de línea" de los medios puede influir en dicho humor, pero no es lo único que lo determina, existe otro factor que han desatendido. Se trata del tiempo: la manía tiene un tiempo acotado, al cabo del cual cede. Entonces, uno recuerda las "ideas" durante tales episodios y hasta se ríe "mirá las cosas que pensaba" puede llegar a decirse, tal vez un poco avergonzado.

Así, el período de humor social maníaco anti-K pasó (o al menos su pico), y los argumentos que en el mismo se esgrimían en solidaridad con dicho humor han perdido parte de su fuerza. Esto era en gran medida inevitable, y no es atribuible a un error de la oposición. Lo que sí fue un error es no haberlo tenido en cuenta. Lo que creo por otra parte es que pensaron que este proceso los favorcería: la eventual caída del gobierno sería el punto que marcaría el cambio en el humor y la recuperación de la eutimia. Pero no fue así, el gobierno no perdió en este capítulo, permaneció en el gobierno y en la oposición parecen ser todos lamentos. Y tengo en mente no toda la oposición, pues en realidad no me refiero por ejemplo a Sabattella o a Alfonsín hijo, pues ellos no han apostado a la caída del kirchnerismo ni al fin del mismo, me refiero a los que sí lo han hecho, como por ejemplo Mariano Grondona, Biolcati, Cobos, Clarín.

La idea entonces es que las chances de Kirchner de volver al gobierno ganando la proxima elección son consecuencia de ese error de la oposición la cual, en vez de ponerse por objetivo justamente ganar dichas elecciones, su meta fue la entrega anticipada, de ahí que ahora parezca no tener plan B ante la improbabilidad de dicha alternativa. La oposición conservadora ha perdido tiempo.

Este error aquí atribuído a la oposición tiene su origen, pues, en su desconocimiento de la situación ante la cual se encontraban, pero ¿cómo pudo esto ocurrir? Pues bien, hubo una mala comprensión de la misma cuya fuente es la información no fiable. ¿Y porqué se confió en dicha información? Simplemente, porque se confió en los medios de comunicación, es decir, la oposición tomó la información de los medios como fiable, erró por ende en su apreciación de la situación por haber creído en la información proporcionada por los medios. En este sentido, el kirchnerismo le hace un favor a la oposición con su consigna "Clarín miente", pues le avisa que no es bueno para ella fiarse de él.

domingo, 30 de mayo de 2010

ideologías y despolitización

Todo el mundo estará de acuerdo, creo yo, en que no es un hecho agradable el que si uno se encuentra esperando el bondi y al ver que se acerca extiende la mano para que pare, éste siga de largo. El otro día venía pensando en que la frecuencia de éste hecho, visto en comparación con el número total de veces en que se llamaba un colectivo, había aumentado últimamente; y en eso sucede que al frenar a causa del semáforo el colectivo, se acercan dos peatones, enojados sin duda, uno de ellos golpea la ventana pidiendo que le abran la puerta, y el chofer se niega, de la misma manera que no había frenado antes: no era parada. Dos señoras de avanzada edad se encontraban sentadas cerca del chofer e intercambian con éste algunas palabras. Llego a estuchar que el colectivero se queja también (el malestar estaba generalizado) y comenta que la municipalidad (se trataba de la ciudad autónoma de Buenos Aires) había hecho un caos con las calles y las paradas, lo cual era la causa de este tipo de problemas.

Entonces recordé algo que había pensado otras veces: “¡qué facilidad tiene la gente para quejarse y quejarse!”. Yo lo pensaba en general cuando con la mal llamada “crisis del campo” la gente con la que tenía más trato se la pasaba quejándose de todo, como si todo estuviera mal, mientras yo pensaba que era todo una ficción, una ficción que asombrosamente todos parecían compartir. Y en ese momento estaba bastante convencido en que después de todo hay una especie de tendencia de la gente a quejarse, a decir que esta todo más o menos mal, y que entre otras, una consecuencia necesaria de eso era el inevitable desgaste de cualquier gobierno, circunstancia que sería siempre aprovechado por una oposición, etc. Esto iba junto a otra idea: la de uqe es más fácil ser oposición que oficialismo. En efecto, me parecía indudable. Sin embargo, ahora ya no es tan así. Es decir, ese creencia se puede expresar así: “entre los hábitos de la población ocupa un lugar mayor la crítica que el elogio”.

Además de que no hay una fehaciente demostración de ese aserto, debo reconocer que entra en contradicción con otro que me parece con fundamentos de una fuerza similar, por lo que conforman una antinomia. Concretamente: es la ideología de la gente la que determina el elogio o la crítica, si x es progre elogia al gobierno progre y critica al conservador, etc. Sin embargo, un punto débil de este argumetno es que de hecho la imagen de los políticos va cambiando en el tiempo a plazos bastante cortos, y no parece que impliquen nesesariamente un cambio en la ideología. Y si nos parece que “ ideología” no sea un término útil para pensar en este tema, porque ¿porqué habríamos de separa la ideología de la visiónb sobre tal o cual candidato? ¿Porqué pensar que la “ideología” es más estable? Concretamente: la ideología, a fin de cuentas, no es otra cosa que una manera de organizar el campo político según el sesgo propio del que lo observe, y no hay ningún motivo objetivo que le habilite a éste a tener por más importante tal o cual aspecto como para decir “las ideologías son tales y tales y tal aspecto determina si tal está en tal ideología o tal otra, etc.”.

Acá estamos más cerca del río de Heráclito que del ser de Parménides. Sin embargo, hay estabilidades. Sabemos, por ejemplo, que hay un sector peronista disidente, que hay un sector progresista al que no le gusta el peronismo, que hay un peronismo de centroizquierda, un conservadurismo liberal, etc.

En fin, creo que lo que esperamos ahora son hechos concretos. Ya basta de discutir si el indec adultera las estadísticas y entonces los datos que presenta el gobierno no reflejan la realidad y los de la oposición tampoco y demás cosas por el estilo. Quiero decir, discutir las cosas como si estuvieran fuera del alcance de tomar cartas en el asunto (debo reconocer que este «estilo», esta manera de posicionarse frente a los temas es propia del periodismo, que se acostumbra o bien a elogiar, o bien a criticar, pero como si nada dependiera de él, cosa absolutamente falaz). Despueś de todo, la mayoría no creo que está taninteresada en la política, a lo sumo por una período determinado, pero ese periodo termina a la larga. Además, porqué no decirlo, ahora viene el mndial, y todo el mundo sabe que el mundial es la continuación de la política por otros medios.

viernes, 7 de mayo de 2010

"Vicio de ilegitimidad", ley de medios, impuesto al cheque.

De las discusiones políticas que se mantienen en terreno verbal, considero que las que tienen el caracter de la reversibilidad se encuentran entre las menos auspiciosas. Me refiero, con reversibilidad, a un aspecto de las críticas que tienen como finalidad devolver una previa con direccionalidad opuesta, o bien remontarse hacia un hecho anterior que invertiría la dirección hacia la cual debiera dirigirse. Mas en general, se trata de las discusiones en la que se dan imputaciones recíprocas con el mismo contenido.

Un ejemplo es el actual de la libertad de expresión. Mientras que unos acusan a otros de restringirla a su favor, reciben de ellos una crítica análoga. Independientemente de la posición que se pueda tener en este caso concreto, es evidente que semejante desacuerdo solo puede proliferar en bases poco firmes, con una equívoca definicion de los que es la libertad y la expresión, por lo menos. Un avance, en este sentido, son las alteraciones en el seno de la discusión que producen una bipártición detérminos y comienzan a hablar de "libertar de expresión" y "libertad de empresas", y más recientemente "libertad de prensa" y "libertad de expresión". Estas diferenciaciones nos parecen una rectificación de las bases del diálogo que conducen a la posibilidad de definición: definiéndose (aproximando a una definición) los términos del problema, la definición de éste último pasa a ser concebicle. Y lo que esto muestra es que solo la ley, en cuanto socialmente establecida, da solución duradera a estos episodios del conflicto (que en varias oportunidades son sustituídos por otros).

Hay, sin duda, pluralidad de ejemplos. Dentro de poco, la Corte Suprema tendrá que decidir respecto del destino de la ley de medios y se nos informó (claro que el hecho hasta fue negado en su momento por algunos periodistas de Radio Mitre, cosa que yo escuché), a través del diario Perfil (que, casi más fervientemente anti-K que Clarín, se opone a su vez a éste último; cabe recordar aquí que Fonteveccia lo califico'de "pro-cíclico") que el presidente de la Corte Suprema se reunió con Magneto. Lo que quería destacar de esto es que viendo 678 escuché la crítica siguiente: ¿qué pasaría si en cambio se hubiera reunido con Kirchner?, apuntanto al tema de la dobre vara, tema que no es más que una forma de reversibilidad.

De todas formas, lo que interesa para el post está vinculado con los argumentos que hizo valer la jueza Olga Pura de Arrabal y la Cámara Federal mendicina, es decir, que supuestamente hubo "vicios de ilegitimidad, arbitrariedad y gravedad institucional que aconsejan mantener el estado de suspensión en la aplicación".

Es decir, se dice que la ley no sería legítima porque el Poder Legislativo no la sancionó conforme a la ley. Ahora bien, acá viene el tema: hace poco, la oposición logró que los Senadores enviaran a la camara baja una reforma de la ley del cheque siguiendo procedimientos que clara y manifiestamente son contrarios a los que establece la CN.

Esta claro que en un caso, la ley fue promulgada legalmente mientras que la otra no. También parece que la ley de medios sale o sale. El tema es qué pasaría en caso de que también lo hiciera la modificación al impuesto cheque. Supongamos que desde el oficialismo se critique su "vicio de ilegitimidad" ¿no estará la oposición lista para hacer uso de la reversibilidad, y con ella la población que simpatiza con ella? En fin, esto muestra que la reversibilidad es un recurso bien limitado.
"siempre junto a la urbe"