Sin duda hay quienes aseguran -junto con Aristóteles-, que es preferible una administración de gobierno que quede reservada a los mejores, por más pocos que estos sean. Por otra parte, debe concederse que, al menos en un país como le nuestro, parece dificil una que lo haga para todos. Y no se trata simplemente que las prerrogativas de unos sean incompatibles con los beneficios del resto, confomando un conjunto donde no exista una propiedad común en la cual centrarse para gobernar y que lo subsuma bajo la misma clase, el mismo término. Mucho más notorio (y menos tendencioso) es que arraigadas convicciones, o mejor, costumbres, escinden el conjunto dandole un aspecto dinámico en sí mismo inconsistente.
Pero lo peor de todo es que dicha inconsitencia es inasible. Quiero decir, simplemente, que el clivaje que lo fragmenta no puede ser considerado (ni i quiera referido) a un dato "duro". El conflicto puede ser visto como síntoma de dicha inconistencia, pero es obvio que siempre versa sobre algo cuya resolución sería insificiente para terminar de una vez por todas con él. Incluso si dejándonos llevar por una especulación suponemos que uno de los polos del conflicto se ha librado del otro, nos veríamos conducidos al problema de no poder especificar, a ciencia cierta, donde empieza y dónde termina aquél.
Esto parece de lo más desesperanzador (y sin duda lo será para un hegeliano) ya que reduce toda la dialéctica a una pasión inútil. Pero en realidad siempre se puede sorter tomando, más o menos dogmáticamente, cualquier elemento como clivaje e intentar una postulación que, procurando desplazar el centro, se abstraiga de esto.
Por ejemplo. El desarrollo podría pensarse que conrresponde a un ideal común en pos del cual podría conducirse al conjunto. Obvio que esto no es asío de modo cabal. Por ejemplo ¿esconcebible un país desarrollado cuya economía sea predominantemente primaria? Como no tengo idea, no reponderé la pregunta. Con respeto a la pobreza puede pensarse de un modo similar ¿no sería caso un ideal común el elevar las condiciones de vida hasta el punto de que la pobreza sea reducida al mínimo? Claro que no todos acordarán con tal ideal; algunos por encontrarlo contrario a otros que privilegiarán, algunos por encontrar su formulacón un sesgo que introduce concepciones o tendencias inadmiscibles, etc.
Ahora bien, lo que no puede negarse es que el tema de la pobreza puede considerarse desde dos puntos de vista: el individual y el poblacional. Procediento de un modo un poco metódico formularía la cuestión enb estos términos:
Una gran concepción liberal considera preponderantemente a la pobreza como un problema individual mientras que otra lo ve como problema poblacional, justamente aquel sector que según una expresión surgida de la otra concepción podría considerarse como de tendencias «estatizantes».
El punto de vista individual equivale a consierar una escala que va del individuo más pobre hasta el más exitoso empresario y ver su desarrollo personal al modo en que un médico clínico verá el estado de su salud. Si está enfermo buscará su exposición a factores de riesgo: tal vez no adquirió el hábito de salir a correr, o no abandonó el de fumar, etc.
Visto poblacionalmente el asunto cambia. Y no se trata -como hacen algunos- de ver la presente dicotomía como una en la que unos "culpen" al individuo desgraciado del mal en que se encuentran y otros los exculpen alegando situacones generadas por el conjunto que escapaban al control de su voluntad. En realidad esta perspectiva es una versión más del -llamémoslo así por diversión- "modelo liberal".
No es causual, por ejemplo, que el individualismo se encuentre asociado con una conducta para la cual sería necesario preoveer algún nombre preciso, y que consiste en comparar, con mayor o menor frecuencia, nuestra situación con la de lois países del primer mundo. Sería vano insistir en este punto, pero podríamos aplicarle el nombre de "eurolatría" o, para ser más generales, "amolatría" y que los países usados como referentes son los que tienen el poder en la comunidad de las naciones.
En este post me quería referir, sencillamente y mediante a una comparación, a una pequeña falacia (muy común por otra parte) que es explotada por los "eurólatras".
Sucede que uno puede determinar, o pretender determinar, en el marco de una sociedad, la existencia de una factor de riesgo de una enfermedad (y, si extendemos por comparación, de un problema social). El concepto de riesgo relativo es aplicable si su distribución en la sociedad no es homogénea.
Uno puede preguntar ¿porqué unos individuos desarrollan tal enfermedad y no otros? o ¿Porqué determinados individuos son pobres, etc.?
Si uno considera la presión arterial sistólica en varones de edad mediana en Kenya y en la población formada por los funcionarios públicos londinenses, ve que en cada población la variación de la presión arterial es proporcionalmente la misma, pudiendo llegar a conclusiones similares en ambos casos que pueden plantearse como universales o, como mínimo, comunes a ambos, y principalmente contemplando cuestiones genéticas. Y esto conduciría a que las causas de los casos son las mismas en una población que en la otra.
Sim embargo, esto contrasta con un hecho: la hipertensión no existe e nKenya y es común en Londres. Es decir que pese a variar del mismo modo, los valores que se obtienen en cada caso correspondientes a la presión arterial hacen que la curva que describe la su distribución normal esté corrida hacia la derecha en el caso de los londinenses, en contraste con la población masculina de Kenya. Rusumimos esto del siguiente modo: los factores determinantes de la incidencia (del número de casos en una población dada) no son necesariamente los mismo que las causas de los casos. Es decir: las causas de los casos eran las mismas en Londres y en Kenya, pero saber esto no servíría de nada pues la incidencia es mucho mayor en el primero, y no se nos dice con esto nada acerca de dicha diferencia. (El lector encontrará desarrolado esto en el texto de Geoffrey ose "Sick Individuals and Sick Populations")
Ahora bien, si conducimos al lector (si es que tal cosa existe) por este rodeo es para mostrar ahora cierta ilusión congnitiva producto de no tener en cuenta lodicho arriba. Si (como hace mucha gente tal como pudimos comprobar en un estudio "de campo", es decir, en conversaciones comunes indagando este punto) tomamos a la pobreza del país como una cualidad compartida por el mero agregado del conjunto de los pobres, y si la vemos ligada a ciertos "factores de riesgo" (el lector mismo sabrá encontrar ejemplo de cómo se suele pensr esto), entonces, según el procedimiento centrado en los individuos, podemos decir que los pobres de acá son conducidos a tal situación a partir de las mismas causas que los conducen a los que viven (o vivirían o vivieron) en Londres, Zurich, Paris, etc. Creeremos que los individuos del primer mundo ha logrado vencer esas causas que siguen aquejando a los que viven por estos lares. Sin embargo, dado que, como vimos, las cuasa de la incidencia no son las mismas que las de los casos (no necesariamente) y que, hya que reconocerlo, la incidenia de la pobreza es mayor en Buenos Aires, San Pablo o Caracas que en Nueva York, Londres o Amsterdam, entonces podemos concebir claramente que quizá se trate de otros determininismos insospechados pra el punto de vista individual.
jueves, 28 de enero de 2010
domingo, 10 de enero de 2010
Gobierno y oposición
¿Sería posible llegar a un acuerdo, si bien mínimo, de lo que debería hacerse desde la gestión de un gobierno?
En primer lugar, la existencia de los debates políticos inclinarían a responder que sí, pues de otra manera éstos no prenderían, es decir, no se generarían respuestas. Si, por ejemplo, hubiera un desacuerdo absoluto en este punto, algo así como dos perspectivas cuya mutua subordinación a una común fuera imposible por carecer de puntos de contacto, entonces los portavoces de las mismas no se verían en la obligación de tener que refutar los argumentos contrarios a los suyos, y mucho menos con un ánimo exaltado, cosa que parece frecuente. Sin embargo a esta idea se le puede objetar lo siguiente: podría ser perfectamente que existieran al menos dos perspectivas cuya reunión resulte absolutamente inconsistente (o sea: que no puedan articularse en alguna perspectiva que las subordine a ambas y que sea consistente en sí), pero que las discusioens se debieran a que ninguna tendría en sí el caracter de aceptación mayoritaria en la sociedad, condición indispensable para su ejecución bajo nuestra organización política, de modo que los debates a que nos referimos no son teóricos, no apuntan a dilucidar las cuestiones (como en la ciencia) sino que son retóricos, apuntan a generar adhesión de la opinión pública para así determinar los hechos.
Existe todavía otra interpretación de lo mismo: las discusiones se deben a la suposición de que es posible mover al interlocutor a incorporar la idea propia en desmedro de la que tenía él antes. En una palabra: convencerlo. Sin embargo, la experiencia demuestra que tales convencimientos sólo constituyen hechos aislados y pueden ser asimilados a las "conversiones" propias de los religiosos, no resuelven el "fondo de la cuestión". Pero veamos que esta alternativa supone que quienes se entregan a una de estas discusiones sí tienen, para-sí mismos, la esperanza de refutar al otro en la dialéctica, es decir, de forzarlo a reconocer que su idea estaba equivocada y que la del otro es necesario aceptar, entonces, lo que tiene es un convencimiento de que existen principios comunes a ambos, propicios para su objetivo.
Pero también hay otra cosa que decir: muchas veces de cree dar con principios de este tipo, principios de naturaleza "superadora", cuando en realidad sólo se toma una parte la asunto, reduciendo alguno de los argumentos y, por ende, de mantenerse terco alguien con alguna idea de estas que son sólo en teoría superadoras, lo único que conseguirá es mostrar su soberbia a su adversario.
Lo que vemos entonces es que existen dos manera de encarar esto: o se piensa a cada parte de la discusión como representando una concepción o teoría, etc.; o se piensa que sólo existe la discusión puntual y en ningún caso se la quiere referir a un marco teórico. Esto es lo que quería resaltar.
En una primera mirada diría, y a riesgo de inclinar demasiado rápido al lector en favor de una u otra, que suele ocurrir que estas dos manera de considerar las cuestiones incluyen ya un cierto sesgo, el cual puede ser relacionado a algo que, si bien no diríamos ya que es cosmovisión o teoría, al menos parece que cabría el nonbre de escuela. Una primer dificultad propia de la segunda posibilidad, más frecuente en los escépticos, en los empiristas, materialistas y positivistas (y que podríamos designar "atomista") es que si uno puede predecir qué posición tomará en relación a alguna cuestión futura algúno de sus representantes, entonces puede concluir que hay cierta "sistematicidad" en su pensamiento, cierto holismo, cierta "concepción", aunque sea minima (tal vez sea su caracter minimalista lo que termina siendo su cualida esencial). La primer dificultad de la posibilidad que mencionamos en primer lugar, que ferecuentemente se denomina como "holismo" es que por ser enteramente prescindente de un sustrato empírico, por ser racionalista, puede conducir a un convencimiento que, lejos de basarse a su remisión a los hechos, a un objeto, se basa con frecuencia en una certeza subjetiva, algo similar al cogito, ergo sum. O sea: se trata de una especie de íntima convicción, sólo remite a su sujeto y por ende conduce a un relativismo, por más cruces que se produzcan (y de hecho son frecuentes) entre las distintas "subjetividades" a partir de sus diversas "conviciones".
Con frecuencia leemos en los diarios o escuchamos a "analistas" referirse a este país como uno en el cual las cosas se hacen mal. Y eso, en cuanto se lo compara con otros, más que nada, los que supuestamente hacen las cosas bien o, como diría Ana C., aquellos que deberíamos imitar en todo, aquellos que, diría yo, lideran las estadísticas de la OMS la ONU, etc., en lo conserniuente a indicadores económicos, de salud, etc. (los que son positivos, claro). ¿Es tan así? Quiero decir ¿no exageran quienes pintan las cosas de ese modo, mostrándonos a ésta como a una sociedad sumamente salvage y primitiva y aquéllas como reinos impecables donde nadie ni papeles en el piso pueden encontrarse?Ante esta cuestión, no cabría, creo, conformarse con el clásico argumento, esgrimido desde el populismo, de que como el pueblo no visita el extrangero irle con eso es necio, y que lo importante es lo que concierne al pueblo. Sucede que ambas cosas podrían ser exactas y la cuestión quedar sin decidir.
Pero esta cuestión se enlaza a otra, y eso hace que resulte de una importancia mayor. En efecto, solemos escuchar, y parece verosímil, que en nuestro país ocurre que los diversos gobiernos son contradichos por quienes los suceden, que lo que hace uno es revisado luego y así, parecería que se está en las fases preliminares de la historia. Ahora bien ¿podemos conformarnos con pensar que mientras esto es así en estas tierras, en paises desarrollados las cosas ocurren de otra manera, las políticas se mantienen, los diversos partidos suceptibles de acceder al gobierno mantienen todo lo esencial en su mismo cauce? Y además ¿resulta este hecho, en caso de ser así, el motivo por el cual, justamente, se dice que esas son naciones desarrolladas mientras que la nuestra sólo en vías de serlo?
Ahora bien, primero habría que demostrar lo concerniente a nuestro país. Las discusiones cotidianas de los diarios muestran que, en efecto, el gobierno es pintado (al menos por los diarios de mayor tirada) como profundamente antipopular, en el sentido de que la gente estaría harta de él. Claro que el gobierno responde con que es él un gobierno justamente "popular" si bien en un sentido distinto. Pero lo que vemos es lo siguiente (restringiendo nuestros comentarios al último período democrático): De la Rúa no llegó a terminar su mandato: no lo quería nadie. Menem tiene hoy una pésima imagen (y llegó a tenerla, en el 2002, probablemente mucho peror). Alfonsín tampoco terminó su mandato. Sin embargo, todos esos gobiernos fueron votados. ¿Entonces?
Hay dos primeras justificaciones de esto, cada una de las cuales se corresponde con las dos grandes corrientes políticas nacionale. Por un lado, la versión llamemoslá conservadora: los gobiernos llegan al poder pero sus políticas son malas y todas las ilusiones que habían generado en sus votantes son frustradas, motivo por el cual éstos le quitan su apoyo y termina cayendo. Aquí encontramos por ejemplo el pensamiento de Clarín, La Nación, Crítica, etc.
Por otra parte, según una explicacion más, llamemosla, populista, la descripción misma estaría falseando los hechos pues estaría igualando como manifestación populas hechos de naturaleza diversa algunos de los cuales no lo sería. Así, la supuesta antipopularidad del actual gobierno sería principalmente impulsada por las estrategia de los médios a partir de su poder monopólico de formar opinión y no sería lo pronunciada que ellos dicen.
Puede verse que, mientras que unos prefieren culpar, de alguna manera, a los mismos gobiernos, es decir, a lo que es en sí algo público, los otros prefieren culpar a las empresas, es decir, lo que es privado.
A lo primera le criticamos, en primer lugar, lo siguiente: se centran (quizás paradójicamente) demasido explusivamente en la gestión del gobierno, como si todo dependiera de ellos, como si fuera el único factor en juego y, sobre todo, el único a quien culpar cuando las cosas salen mal. Pero al hacer esto de abstraen de las conexiones existentes entre las diferentes corrientes en diferentes períodos. Así, para ellos sólo hay malos gobiernos, y no existen diversas políticas viables entre las cuales decidir. Incluso parecería que para ellos habría una sóla política válida toos los gobiernos serían malos pues, o bien no la aplican al pie de la letra por oponérsele, o bien les falta ser aún más aplicados.
Lo que podemos criticarle a la segunda es que tiende a moralizar y a identificar lo popular con lo bueno. A partir de ahí, todo lo popular es bueno, y si algo es malo y popular, entonces es impuesto por algún factor de poder cuyo fin es engañar, etc.
Estas son, probablemente, las dos corrientes principales en este país, las que remarco por parecerme las únicas capaces de generar consenso suficiente como par aalcanzar el gobierno.
Claro que podrían decirme que no hay sólo dos opciones de consoderar estas cosas, que muchos no se sienten representados en estas posibilidades, y que hay 600 otras que no estoy considerando. Pero como la idea es pensar lineamientos suficientemente generales como para que cualquier sector político los tenga por propios y hasta su más adverso partido también lo haga, sucede que si no se puede conglomerar todo el abanico en dos polos, menos aún podrá hacerselo en uno.
Además, críticos o no, aquellos que simpatizan con las políticas del gobierno pueden incluirse en el conjunto que constituye uno de los polos. Por otra parte, del conjunto de la oposición, es obvio que sólo aglutinandose va a poder ser gobierno en el futuro, y si bien es obvio que no lo haga toda la oposición, la fracción de la misma capaz de hacerlo es la que es políticamente relevante e ntanto oposición (podría ocurrir que una parte de la oposición actual sea gobierno con parte del oficialismo, pero ahí la situación es otra).
Quizás debieramos ser más escépticos y pensar que la política es esencialmente el ámbito de la agresividad y que todas las discusiones conduzcan sólo a mayores discusiones y que sus interlocutores se referencien en concepciones como los hinchas de futbol son de tal o cual club. Esto eslo que parece cuando uno lee los comentarios de los diarios y de los blogs.
En primer lugar, la existencia de los debates políticos inclinarían a responder que sí, pues de otra manera éstos no prenderían, es decir, no se generarían respuestas. Si, por ejemplo, hubiera un desacuerdo absoluto en este punto, algo así como dos perspectivas cuya mutua subordinación a una común fuera imposible por carecer de puntos de contacto, entonces los portavoces de las mismas no se verían en la obligación de tener que refutar los argumentos contrarios a los suyos, y mucho menos con un ánimo exaltado, cosa que parece frecuente. Sin embargo a esta idea se le puede objetar lo siguiente: podría ser perfectamente que existieran al menos dos perspectivas cuya reunión resulte absolutamente inconsistente (o sea: que no puedan articularse en alguna perspectiva que las subordine a ambas y que sea consistente en sí), pero que las discusioens se debieran a que ninguna tendría en sí el caracter de aceptación mayoritaria en la sociedad, condición indispensable para su ejecución bajo nuestra organización política, de modo que los debates a que nos referimos no son teóricos, no apuntan a dilucidar las cuestiones (como en la ciencia) sino que son retóricos, apuntan a generar adhesión de la opinión pública para así determinar los hechos.
Existe todavía otra interpretación de lo mismo: las discusiones se deben a la suposición de que es posible mover al interlocutor a incorporar la idea propia en desmedro de la que tenía él antes. En una palabra: convencerlo. Sin embargo, la experiencia demuestra que tales convencimientos sólo constituyen hechos aislados y pueden ser asimilados a las "conversiones" propias de los religiosos, no resuelven el "fondo de la cuestión". Pero veamos que esta alternativa supone que quienes se entregan a una de estas discusiones sí tienen, para-sí mismos, la esperanza de refutar al otro en la dialéctica, es decir, de forzarlo a reconocer que su idea estaba equivocada y que la del otro es necesario aceptar, entonces, lo que tiene es un convencimiento de que existen principios comunes a ambos, propicios para su objetivo.
Pero también hay otra cosa que decir: muchas veces de cree dar con principios de este tipo, principios de naturaleza "superadora", cuando en realidad sólo se toma una parte la asunto, reduciendo alguno de los argumentos y, por ende, de mantenerse terco alguien con alguna idea de estas que son sólo en teoría superadoras, lo único que conseguirá es mostrar su soberbia a su adversario.
Lo que vemos entonces es que existen dos manera de encarar esto: o se piensa a cada parte de la discusión como representando una concepción o teoría, etc.; o se piensa que sólo existe la discusión puntual y en ningún caso se la quiere referir a un marco teórico. Esto es lo que quería resaltar.
En una primera mirada diría, y a riesgo de inclinar demasiado rápido al lector en favor de una u otra, que suele ocurrir que estas dos manera de considerar las cuestiones incluyen ya un cierto sesgo, el cual puede ser relacionado a algo que, si bien no diríamos ya que es cosmovisión o teoría, al menos parece que cabría el nonbre de escuela. Una primer dificultad propia de la segunda posibilidad, más frecuente en los escépticos, en los empiristas, materialistas y positivistas (y que podríamos designar "atomista") es que si uno puede predecir qué posición tomará en relación a alguna cuestión futura algúno de sus representantes, entonces puede concluir que hay cierta "sistematicidad" en su pensamiento, cierto holismo, cierta "concepción", aunque sea minima (tal vez sea su caracter minimalista lo que termina siendo su cualida esencial). La primer dificultad de la posibilidad que mencionamos en primer lugar, que ferecuentemente se denomina como "holismo" es que por ser enteramente prescindente de un sustrato empírico, por ser racionalista, puede conducir a un convencimiento que, lejos de basarse a su remisión a los hechos, a un objeto, se basa con frecuencia en una certeza subjetiva, algo similar al cogito, ergo sum. O sea: se trata de una especie de íntima convicción, sólo remite a su sujeto y por ende conduce a un relativismo, por más cruces que se produzcan (y de hecho son frecuentes) entre las distintas "subjetividades" a partir de sus diversas "conviciones".
Con frecuencia leemos en los diarios o escuchamos a "analistas" referirse a este país como uno en el cual las cosas se hacen mal. Y eso, en cuanto se lo compara con otros, más que nada, los que supuestamente hacen las cosas bien o, como diría Ana C., aquellos que deberíamos imitar en todo, aquellos que, diría yo, lideran las estadísticas de la OMS la ONU, etc., en lo conserniuente a indicadores económicos, de salud, etc. (los que son positivos, claro). ¿Es tan así? Quiero decir ¿no exageran quienes pintan las cosas de ese modo, mostrándonos a ésta como a una sociedad sumamente salvage y primitiva y aquéllas como reinos impecables donde nadie ni papeles en el piso pueden encontrarse?Ante esta cuestión, no cabría, creo, conformarse con el clásico argumento, esgrimido desde el populismo, de que como el pueblo no visita el extrangero irle con eso es necio, y que lo importante es lo que concierne al pueblo. Sucede que ambas cosas podrían ser exactas y la cuestión quedar sin decidir.
Pero esta cuestión se enlaza a otra, y eso hace que resulte de una importancia mayor. En efecto, solemos escuchar, y parece verosímil, que en nuestro país ocurre que los diversos gobiernos son contradichos por quienes los suceden, que lo que hace uno es revisado luego y así, parecería que se está en las fases preliminares de la historia. Ahora bien ¿podemos conformarnos con pensar que mientras esto es así en estas tierras, en paises desarrollados las cosas ocurren de otra manera, las políticas se mantienen, los diversos partidos suceptibles de acceder al gobierno mantienen todo lo esencial en su mismo cauce? Y además ¿resulta este hecho, en caso de ser así, el motivo por el cual, justamente, se dice que esas son naciones desarrolladas mientras que la nuestra sólo en vías de serlo?
Ahora bien, primero habría que demostrar lo concerniente a nuestro país. Las discusiones cotidianas de los diarios muestran que, en efecto, el gobierno es pintado (al menos por los diarios de mayor tirada) como profundamente antipopular, en el sentido de que la gente estaría harta de él. Claro que el gobierno responde con que es él un gobierno justamente "popular" si bien en un sentido distinto. Pero lo que vemos es lo siguiente (restringiendo nuestros comentarios al último período democrático): De la Rúa no llegó a terminar su mandato: no lo quería nadie. Menem tiene hoy una pésima imagen (y llegó a tenerla, en el 2002, probablemente mucho peror). Alfonsín tampoco terminó su mandato. Sin embargo, todos esos gobiernos fueron votados. ¿Entonces?
Hay dos primeras justificaciones de esto, cada una de las cuales se corresponde con las dos grandes corrientes políticas nacionale. Por un lado, la versión llamemoslá conservadora: los gobiernos llegan al poder pero sus políticas son malas y todas las ilusiones que habían generado en sus votantes son frustradas, motivo por el cual éstos le quitan su apoyo y termina cayendo. Aquí encontramos por ejemplo el pensamiento de Clarín, La Nación, Crítica, etc.
Por otra parte, según una explicacion más, llamemosla, populista, la descripción misma estaría falseando los hechos pues estaría igualando como manifestación populas hechos de naturaleza diversa algunos de los cuales no lo sería. Así, la supuesta antipopularidad del actual gobierno sería principalmente impulsada por las estrategia de los médios a partir de su poder monopólico de formar opinión y no sería lo pronunciada que ellos dicen.
Puede verse que, mientras que unos prefieren culpar, de alguna manera, a los mismos gobiernos, es decir, a lo que es en sí algo público, los otros prefieren culpar a las empresas, es decir, lo que es privado.
A lo primera le criticamos, en primer lugar, lo siguiente: se centran (quizás paradójicamente) demasido explusivamente en la gestión del gobierno, como si todo dependiera de ellos, como si fuera el único factor en juego y, sobre todo, el único a quien culpar cuando las cosas salen mal. Pero al hacer esto de abstraen de las conexiones existentes entre las diferentes corrientes en diferentes períodos. Así, para ellos sólo hay malos gobiernos, y no existen diversas políticas viables entre las cuales decidir. Incluso parecería que para ellos habría una sóla política válida toos los gobiernos serían malos pues, o bien no la aplican al pie de la letra por oponérsele, o bien les falta ser aún más aplicados.
Lo que podemos criticarle a la segunda es que tiende a moralizar y a identificar lo popular con lo bueno. A partir de ahí, todo lo popular es bueno, y si algo es malo y popular, entonces es impuesto por algún factor de poder cuyo fin es engañar, etc.
Estas son, probablemente, las dos corrientes principales en este país, las que remarco por parecerme las únicas capaces de generar consenso suficiente como par aalcanzar el gobierno.
Claro que podrían decirme que no hay sólo dos opciones de consoderar estas cosas, que muchos no se sienten representados en estas posibilidades, y que hay 600 otras que no estoy considerando. Pero como la idea es pensar lineamientos suficientemente generales como para que cualquier sector político los tenga por propios y hasta su más adverso partido también lo haga, sucede que si no se puede conglomerar todo el abanico en dos polos, menos aún podrá hacerselo en uno.
Además, críticos o no, aquellos que simpatizan con las políticas del gobierno pueden incluirse en el conjunto que constituye uno de los polos. Por otra parte, del conjunto de la oposición, es obvio que sólo aglutinandose va a poder ser gobierno en el futuro, y si bien es obvio que no lo haga toda la oposición, la fracción de la misma capaz de hacerlo es la que es políticamente relevante e ntanto oposición (podría ocurrir que una parte de la oposición actual sea gobierno con parte del oficialismo, pero ahí la situación es otra).
Quizás debieramos ser más escépticos y pensar que la política es esencialmente el ámbito de la agresividad y que todas las discusiones conduzcan sólo a mayores discusiones y que sus interlocutores se referencien en concepciones como los hinchas de futbol son de tal o cual club. Esto eslo que parece cuando uno lee los comentarios de los diarios y de los blogs.
viernes, 8 de enero de 2010
La autonomía del central
La "autonomía del banco central" ha adquirido en este momento, que se inicia con las noticias sobre el futuro de la presidencia de dicha entidad, una consecuencia evidente: se desplaza una cuestión concreta y circunstancial hacia una elevació metafísica: el ideal de autonomía.
Es decir, concretamente, la cuestión es el pago de la deuda, después el fondo con resservas, luego el cargo del presidente del banco. Y la información, tarde o temprano (más temprno que tarde) apunta a lo siguiente: el matrimonio K avasalla la autonomía del central, que se convierten en el nuevo santuario sobre el que hablaremospor algún tiempo. Algunos (por ejemplo desde La Nación) ven un efecto paradógico en que una medida que apuntaba, según él, a ser una "señal a los mercados" termine generando desconfianza en ellos, y tensión (comantario aparte, Pagni dice en la nota de tapa que dicha expresión "señal a los mercados" es expresión bien propia del vulgo. Error: lo es de periodistas -no por nada llega a u pluma tan pronto en su artículo-y de economistas -al menos los mediáticos-. Segundo: -y como indicó Mugrave la tapa de la nación dice, curiosamente "gran preocupación en los mercados ... el dolar subió un centavo".
Pero en realidad hay que decir que no hubo tal efecto paradójico: los mercados no son los artículos de los diarios o los enunciados de sus economistas. Si no, si fuera así, bastaría con que celebren una medida para que sea exitosa, o que la critiquen para que fracase. Pero el componente sugestivo de la economía no es tan potente: no puede desmentir lo real.
Así, "reacción de los mercados" no es algo quela suba en el dolar de un centavo pueda tasar con exactitud. Ver allí una suerte de "sanción" de "los mecados" a la acción del gobierno es una banalización de una naturaleza extrema.
Otro ejemplo de la cretinización, en este caso de Clarín, página 4 del 7-01. En el centro un cuadro de dle entrada: "A favor del gobierno" de un lado "Defensores de Redrado" del otro. Figuran, debajo, cuatro foros. Dice así, debajo de una de ellas: " ... punta de lanza del gobierno en el central", otra "Defiende a ultranza a los K"; y las otras dos "se opone a usar indiscriminadamente las reservas" y "Vinculado a Lavagna... se alinearía con Redrado".
Esto muestra el habito simplificador y, por qué no decirlo, futbolero de esta gran diario. Todo el análisis se centra en esto: hay dos bandos, los buenos y los malos (punta de lanza, ultranza y K seusan para denotar el mal; el bien está representado por Lavagna y la oposición al uso ,indisciminado). No se habla si quiera de que existe una deuda, que se puede pagar, qué representa la suma en cuestión para ee banco, etc. y todas las cuestiones que se podrían plantear al repecto que escapan al alcance de este blog po supuesto.
Se cómo no sólo la "estrategia de polarización" no es patrimonio exclusio de NK (como se sugería en tiempos preelectorales) sino que pareciera ser la única estrategia a adoptar si el campo de la disputa es el de los medios masivos, estructurado como ahora lo están. El efecto más llamativo de esta banalización, que muchos blogueros siempre indican, es el que personajes que eran considerados nefastos, cuasidemonios, pasan a ser, tras una renuncia o lo que fuera, los nuevos próceres. Parece entonces que hay una tendencia en el propio periodismo, en los medios y en la opinión pública a no poder no sólo desprenderse de este tipo de "análisis" sino de llevar todo a un análisis de este tipo, la cual parece una ley inexorable.
sábado, 26 de diciembre de 2009
El bipartidismo implícito y la única verdad
Es de lamentar la indefinición en que se encuentra en general lo que públicamente se postula respecto de la política. Es decir: mientas vemos cómo las ciencias (por poner un ejemplo) avanzan en esta direccción o aquella de manera definitiva, o sea que lo que se establece queda establecido e nadelante y una revisión no implica el abandono de un recorrido para volver al punto de partida y emprender una dirección que se había creído inútil y luego es la verdad oculta del proceso en revisión, para después nuevamente volver sobre los pasos, y seguir indefinidamente en moimientos de este tipo.
Voy a aclarar un poco más, puesto que es frecuente escuchar criticas que dicen que "en este país" todo estaría mal hecho, una instancia de los cual sería el que cada gobierno anula todo lo que se había hecho hata un determinado momento y emprende una dirección opuesta en la gestión, y luego el gobierno siguiente hará otro tanto, etc. De hecho, como debido a una circunstancia impuesta tuve que ver, lamentablemente, dos eleznables programas televisivos que tenían como invitado a Tinelli, pude escuchar a este personaje, precisamente, aludir a este tema. Concretamente, se quejaba de esto mismo, de que según él los gobiernos declaraban que todo lo hecho antes estaba todo mal, para luego empezar de nuevo, indefinidamente. Para diferenciar esta formulación, tam común por otra parte, y por ende tan de sentido común (a punto tal de que se lo repite incluso menos por si significado que por su procedencia; es decir, alguno lo va a repetir por el sólo hecho de que la "autoridad" de que inviste a Tinelli la TV le persuade se su supuest averdad, independientemente de lo que ésta implicaría de serlo) de aquella que motiva el post diré que una condición para diferenciarlas es si resulta, la formulación misma, un intento de captar un hecho, o si no es más que un enunciado con tendencia y qeu, como tal, sólo apunta a incidir en alguna de las puntas del conflicto social en un momento dado. En cuanto al ejemplo en cuestión, la cosa se aclara muy facilmente con el contexto del enunciado, pues lo que estaba haciedo Tinelli era básicamente criticar y oponerse a la nueva ley de medias audiovisuales, con el pretexto de que con la misma iría a pérdida, y con el de que las cosas no se hacían así en ninguna parte del mundo. Digamos, de paso, al respecto: eso de que Tinelli vaya a pérdida me recuerda mucho al Australopitecus Biolcat, al frente de la Sociedad Rural, diciendole precisamente a Zaiat eso mismo respecto de su negocio que, cabe mencionar aquí, está caracterizado por el beneficio adicional del monopolio que le otorga la escacez del recurso que explota; y además: el hecho de qeu no se hagan las cosa así en otros países es un argumento que por más que se o pueda tomar, si uno lo piensa un poco, una consecuencia del mimso es que restringe el alcance de toda medida nacional a un universo muy limitado, por ser éste uno que ya fue ensayado, otorgando la prerrogativa de la innovación a otros países, de los cuales el "ser el único país del mundo" en los cuales las cosas son de alguna manera determinada es frase que se usa más bien como elogio que como crítica, como sucede hacia adentro.
Es claro que se dice muchas veces esto para criticar justamente algún gobierno que toma una iniciativa, por ejemplo de caracter inovador, qeu reforma profundamente alguna estructura social.
Tomemos ahora un ejemplo: la política dedicada a los servicios públicos. Si bien mi edad me priva de la posibilidad de muchos recuerdos de aquella época, cuando se comenzaron a implementar las privatizaciones de Menem, una de las cosas que se decían a favor era que su gestión en manos del estado era ineficiente, para lo ual se citaba el caso del tiempo que tomaba instalar una nueva línea, y la incidencia deésto mismo en el valor de una casa, etc. Luego de eso, en cambio, tenemos la posibilidad de instalar una línea en un brevisimo tiempo, en comparacióbn. Con Kirchner, la política cambio eminentemente se signo. Esto se demuestra fácilmente, demostración que daré pues el otro día un amigo (decididamente antiperonista) insistía en qeu Kirchner y Menem eran la misma cosa (hasta el punto que parecían dontar la misma entidad, curiosamente), premisa de la cual obtenía la siguiente conclusión: Kirchner gobierna para el FMI. Yo le decía, en cambio, que mientras Menem y Cavallo (a quien le tenía mayor estima que a Menem este amigo mío) tomaban deciciones en convergencia a las recomendaciones del FMI (las queeran públicas), Kirchner tomaba otras que entraban en conflicto con aquellas. Un hecho que ponía esto de manifiesto eran las críticas que los economismtas de lFMI y afines solían dirigir contra dichas políticas. En fin, la demostración es esa misma: si el FMI realiza indicaciones de caracter contrario a las deciciones que toma un gobierno y si, además, critica estas últimas, no se puede aseverar (como lo hacía mi amigo) que ese gobierno sea funcional al FMI.
Supongamos ahora que las elecciones presidenciales proximas otorgan la presidencia a un político, digamos, afín al FMI, y "amigo de los inversores externos", etc. Supongamos que comienza a desandar los pasos del Kirchnerismo en política de servicios públicos. Tenemos pues la situación siguiente: como decíamos arriba, lo que hace un gobierno lo deshace el que le siguie, el cual a su vez puede tener la misma relación on el gobierno posterior a él.
Veamos ahora la política de derechos humanos. Primero: los militares y marinos no lograron (y parece que aún no han logrado hacerlo) concebir la idea de derechos humanos. Parecería que bajo su bogierno sólo tenían derechos quienes ellos querían y quines no, no. Con Alfonsín se llevó a cabo un juicio a las juntas, y si bien muchos critican a Alfonsín por las leyes de obediacia debida y punto final, haber enjuiciado a las juntas implica una discontinuidad ya que, de haber permanecido un gobierno de un mismo signo que el que lo precedió, no hubiera habido tal juicio. Luego, con Menem, se indulta a los jerarcas lo que leva a suitación al mometno inicial: como si los juicios ni hubieran tenido efectos. Más tarde, con Kirchner, se empiezan a juzgar los hechos que se habían querido tapar. Y podemos suponer que un gobierno de derecha sucesor del kirchnerimo podría tomar medidas de caracter contrario.
El lector se preguntará a qué voy con este breve y simple relato de cosas sabidas por todos. Pues bien, a que el enuncioado de arriba parece terner su correlato, es decir, parece referir a algo, algo que es un hecho, hecho que parece inseparable de la política de este país; pero que además, no se trata de implemente dar marcha atrás y reemprender otro camino, sino que se trata de una suerte de dialéctica; o sea: las acciones pueden agruparse en dos tendencias contrarias que se van intercalando entre sí. En otras palabras, es lo que podríamos llamas el bipartidismo implícito argentino.
Nuevamente, llegamos a una formulación que parece de Perogrullo. Su valor reside en que, gracias a su obviedad teórica sucede que en general se estará de acuerdo, y no podrá ser "caracterizado" como el podtulado propio de algún partdo, ni si quiera como un principio antipolítico. Por otra parte, y pese a lo anterior; prácticamente no es tan evidente, y esto es lo más interesante.
¿Qué significa qeu no sea prácticamente evidente? Daré algunos hechos que explican esto: Tanto Menem como Kirchner llegar el gobierno a la cabeza del mismo partido y sin embago son gobiernos del signo opuesto; personalidades qeu antiguamente se las agrupaban en sectores hacia la centroizquierda en momentos posteriores son consideradas más bien como referentes de la derecha católica, etc. Ahora, en vez de continuar la lista, deengamosnos un momento en el primer caso.
El sector antiperonista tiene cierta tendencia a identificar a Menem y a Kirchner. Dicen que ambos on lo mismo (así como Kirchner hizo lo mismo con Macri y Menem, por otra parte). La tapa de la revsta Noticis que ví el otro día e nRetiro sugería esto mismo. "La Carrió" repetía esto tanto como Estensoro en las últimas elecciones. Es claro que dependiendo del "eje" de discusión, es decir, dónde ubicar la línea divisoria entre las diferentes políticas, uno puede clasificar como se le ocurra. Alguien podría así decir: Videla, Alfonsín, Menem, De La Rúa, Kirchner son todos iguales, por ser hombre; mientras qeu, en cambio, tanto isabelita y Cristina Fernandez, por ser mujeres, difieren radicalmente. Lógicamente es admisible. Sólo que todos estarán de acuerto a que pese a su corrección lógica, el precednte enunciado no provee nada de información sobre la política argentina.
El tema parece entonces dónde hubicar la línea divisoria y est onos conduce a otro problema, similar al mencionado arriba. Es el siguiente: el lugar donde se ubique la línea divisoria podrá ser favorable a tal o cual tendencia, lo que dificulta superar la cuestión, es decir, la supuesta dialéctica que mencionamos arriba. Y digo supuesta dialéctica porque en realidad no es dialéctica, la cual concluía en la superación. Contrariamente a Hegel a Marx, lo que la historia parece mostrar es qeu, lejos de consistir e nun defenir hacia su fin, concebido como saber absoluto o una determinada sociedad, no hay superación histórica alguna.
Bueno, esto parece en realidad un poco extremo y demasido pesimista y tal vez si se miran períodos históricos extensos sí pueda hablarse si no de superación si de acontecimientos que no sean perpetuamente puestos a revisión.
Sea como fuera, podría también plantearse lo contrario y decir que postular continuidaddes y rupturas carecede valor por no ser hechos qeu puedan establecerse de una vez por todas.
Pero la "polarización" no es un mero hecho casual ni el producto de la estrategia de un político en particular. La base de esto es simplemente que de ungobierno se puede estar a favor o en contra, lo cual es el punto de partid de la polarización. Tanto la idea del "apoyo crítico del progresismo", por ejemplo, se soburdina, mal que le pese, a la polarización; así como las diferencias entre la oposición. Por otra parte, solo sobre la base de consensos puede una política llegar a tener lugar en la administración nacional, tal como lo de muestra la hitoria de la izquierda en Argentina.
Pero parece que este post se contradice a sí mismo. Primero se decice en favor de alguna formulación que intente quedar libre de las idas y vueltas de la dialéctica y, finalmente, reduce todo a elemento del par que se opone en la polarización.
Pero la polarización no es un hecho del mundo. Si fuera así sería más fácil. Pues la línea divisoria de la que hablamos arriba está subordinada a las "necesidades del presente" o sea, se subordina a la polarización preponderante en un momento histórico dado. Así, en el 2002, la línea divisoria no podía ser peronistas-antiperonistas ya que tanto peronistas como antiperonistas confluían en un gobierno que pasó a representar, para la opinión pública, la causa de la crisis de ese entonces. Pero la línea divisoria no siempre es tan eficaz. Es decir: líeas divisorias hay todas las que se quiera, pero sólo la que en un momento determinado representa la realidad para la opinión pública es la que adviene eficaz. Dicho de otro modo: sólo cuando algo se presenta como única verdad una línea divisoria es capaz de denotar la Realidad.
Pero ¿qué es esto de única verdad? Refiere simplemente un hecho historicamente determinado. Debemos definirlo de este modo: sólo ocurre en la ruptura de alguna coninuidad histórica y su grado (el grado de realidad) declina a medida que uno de aleja de la discontinuidad.
Toda vez, entonces, que se interrumpe una continuidad de este tipo, se presenta la confluencia que afirma la línea divisoria eficaz para dicha ruptura; confluenia que nunca es completa.
Voy a aclarar un poco más, puesto que es frecuente escuchar criticas que dicen que "en este país" todo estaría mal hecho, una instancia de los cual sería el que cada gobierno anula todo lo que se había hecho hata un determinado momento y emprende una dirección opuesta en la gestión, y luego el gobierno siguiente hará otro tanto, etc. De hecho, como debido a una circunstancia impuesta tuve que ver, lamentablemente, dos eleznables programas televisivos que tenían como invitado a Tinelli, pude escuchar a este personaje, precisamente, aludir a este tema. Concretamente, se quejaba de esto mismo, de que según él los gobiernos declaraban que todo lo hecho antes estaba todo mal, para luego empezar de nuevo, indefinidamente. Para diferenciar esta formulación, tam común por otra parte, y por ende tan de sentido común (a punto tal de que se lo repite incluso menos por si significado que por su procedencia; es decir, alguno lo va a repetir por el sólo hecho de que la "autoridad" de que inviste a Tinelli la TV le persuade se su supuest averdad, independientemente de lo que ésta implicaría de serlo) de aquella que motiva el post diré que una condición para diferenciarlas es si resulta, la formulación misma, un intento de captar un hecho, o si no es más que un enunciado con tendencia y qeu, como tal, sólo apunta a incidir en alguna de las puntas del conflicto social en un momento dado. En cuanto al ejemplo en cuestión, la cosa se aclara muy facilmente con el contexto del enunciado, pues lo que estaba haciedo Tinelli era básicamente criticar y oponerse a la nueva ley de medias audiovisuales, con el pretexto de que con la misma iría a pérdida, y con el de que las cosas no se hacían así en ninguna parte del mundo. Digamos, de paso, al respecto: eso de que Tinelli vaya a pérdida me recuerda mucho al Australopitecus Biolcat, al frente de la Sociedad Rural, diciendole precisamente a Zaiat eso mismo respecto de su negocio que, cabe mencionar aquí, está caracterizado por el beneficio adicional del monopolio que le otorga la escacez del recurso que explota; y además: el hecho de qeu no se hagan las cosa así en otros países es un argumento que por más que se o pueda tomar, si uno lo piensa un poco, una consecuencia del mimso es que restringe el alcance de toda medida nacional a un universo muy limitado, por ser éste uno que ya fue ensayado, otorgando la prerrogativa de la innovación a otros países, de los cuales el "ser el único país del mundo" en los cuales las cosas son de alguna manera determinada es frase que se usa más bien como elogio que como crítica, como sucede hacia adentro.
Es claro que se dice muchas veces esto para criticar justamente algún gobierno que toma una iniciativa, por ejemplo de caracter inovador, qeu reforma profundamente alguna estructura social.
Tomemos ahora un ejemplo: la política dedicada a los servicios públicos. Si bien mi edad me priva de la posibilidad de muchos recuerdos de aquella época, cuando se comenzaron a implementar las privatizaciones de Menem, una de las cosas que se decían a favor era que su gestión en manos del estado era ineficiente, para lo ual se citaba el caso del tiempo que tomaba instalar una nueva línea, y la incidencia deésto mismo en el valor de una casa, etc. Luego de eso, en cambio, tenemos la posibilidad de instalar una línea en un brevisimo tiempo, en comparacióbn. Con Kirchner, la política cambio eminentemente se signo. Esto se demuestra fácilmente, demostración que daré pues el otro día un amigo (decididamente antiperonista) insistía en qeu Kirchner y Menem eran la misma cosa (hasta el punto que parecían dontar la misma entidad, curiosamente), premisa de la cual obtenía la siguiente conclusión: Kirchner gobierna para el FMI. Yo le decía, en cambio, que mientras Menem y Cavallo (a quien le tenía mayor estima que a Menem este amigo mío) tomaban deciciones en convergencia a las recomendaciones del FMI (las queeran públicas), Kirchner tomaba otras que entraban en conflicto con aquellas. Un hecho que ponía esto de manifiesto eran las críticas que los economismtas de lFMI y afines solían dirigir contra dichas políticas. En fin, la demostración es esa misma: si el FMI realiza indicaciones de caracter contrario a las deciciones que toma un gobierno y si, además, critica estas últimas, no se puede aseverar (como lo hacía mi amigo) que ese gobierno sea funcional al FMI.
Supongamos ahora que las elecciones presidenciales proximas otorgan la presidencia a un político, digamos, afín al FMI, y "amigo de los inversores externos", etc. Supongamos que comienza a desandar los pasos del Kirchnerismo en política de servicios públicos. Tenemos pues la situación siguiente: como decíamos arriba, lo que hace un gobierno lo deshace el que le siguie, el cual a su vez puede tener la misma relación on el gobierno posterior a él.
Veamos ahora la política de derechos humanos. Primero: los militares y marinos no lograron (y parece que aún no han logrado hacerlo) concebir la idea de derechos humanos. Parecería que bajo su bogierno sólo tenían derechos quienes ellos querían y quines no, no. Con Alfonsín se llevó a cabo un juicio a las juntas, y si bien muchos critican a Alfonsín por las leyes de obediacia debida y punto final, haber enjuiciado a las juntas implica una discontinuidad ya que, de haber permanecido un gobierno de un mismo signo que el que lo precedió, no hubiera habido tal juicio. Luego, con Menem, se indulta a los jerarcas lo que leva a suitación al mometno inicial: como si los juicios ni hubieran tenido efectos. Más tarde, con Kirchner, se empiezan a juzgar los hechos que se habían querido tapar. Y podemos suponer que un gobierno de derecha sucesor del kirchnerimo podría tomar medidas de caracter contrario.
El lector se preguntará a qué voy con este breve y simple relato de cosas sabidas por todos. Pues bien, a que el enuncioado de arriba parece terner su correlato, es decir, parece referir a algo, algo que es un hecho, hecho que parece inseparable de la política de este país; pero que además, no se trata de implemente dar marcha atrás y reemprender otro camino, sino que se trata de una suerte de dialéctica; o sea: las acciones pueden agruparse en dos tendencias contrarias que se van intercalando entre sí. En otras palabras, es lo que podríamos llamas el bipartidismo implícito argentino.
Nuevamente, llegamos a una formulación que parece de Perogrullo. Su valor reside en que, gracias a su obviedad teórica sucede que en general se estará de acuerdo, y no podrá ser "caracterizado" como el podtulado propio de algún partdo, ni si quiera como un principio antipolítico. Por otra parte, y pese a lo anterior; prácticamente no es tan evidente, y esto es lo más interesante.
¿Qué significa qeu no sea prácticamente evidente? Daré algunos hechos que explican esto: Tanto Menem como Kirchner llegar el gobierno a la cabeza del mismo partido y sin embago son gobiernos del signo opuesto; personalidades qeu antiguamente se las agrupaban en sectores hacia la centroizquierda en momentos posteriores son consideradas más bien como referentes de la derecha católica, etc. Ahora, en vez de continuar la lista, deengamosnos un momento en el primer caso.
El sector antiperonista tiene cierta tendencia a identificar a Menem y a Kirchner. Dicen que ambos on lo mismo (así como Kirchner hizo lo mismo con Macri y Menem, por otra parte). La tapa de la revsta Noticis que ví el otro día e nRetiro sugería esto mismo. "La Carrió" repetía esto tanto como Estensoro en las últimas elecciones. Es claro que dependiendo del "eje" de discusión, es decir, dónde ubicar la línea divisoria entre las diferentes políticas, uno puede clasificar como se le ocurra. Alguien podría así decir: Videla, Alfonsín, Menem, De La Rúa, Kirchner son todos iguales, por ser hombre; mientras qeu, en cambio, tanto isabelita y Cristina Fernandez, por ser mujeres, difieren radicalmente. Lógicamente es admisible. Sólo que todos estarán de acuerto a que pese a su corrección lógica, el precednte enunciado no provee nada de información sobre la política argentina.
El tema parece entonces dónde hubicar la línea divisoria y est onos conduce a otro problema, similar al mencionado arriba. Es el siguiente: el lugar donde se ubique la línea divisoria podrá ser favorable a tal o cual tendencia, lo que dificulta superar la cuestión, es decir, la supuesta dialéctica que mencionamos arriba. Y digo supuesta dialéctica porque en realidad no es dialéctica, la cual concluía en la superación. Contrariamente a Hegel a Marx, lo que la historia parece mostrar es qeu, lejos de consistir e nun defenir hacia su fin, concebido como saber absoluto o una determinada sociedad, no hay superación histórica alguna.
Bueno, esto parece en realidad un poco extremo y demasido pesimista y tal vez si se miran períodos históricos extensos sí pueda hablarse si no de superación si de acontecimientos que no sean perpetuamente puestos a revisión.
Sea como fuera, podría también plantearse lo contrario y decir que postular continuidaddes y rupturas carecede valor por no ser hechos qeu puedan establecerse de una vez por todas.
Pero la "polarización" no es un mero hecho casual ni el producto de la estrategia de un político en particular. La base de esto es simplemente que de ungobierno se puede estar a favor o en contra, lo cual es el punto de partid de la polarización. Tanto la idea del "apoyo crítico del progresismo", por ejemplo, se soburdina, mal que le pese, a la polarización; así como las diferencias entre la oposición. Por otra parte, solo sobre la base de consensos puede una política llegar a tener lugar en la administración nacional, tal como lo de muestra la hitoria de la izquierda en Argentina.
Pero parece que este post se contradice a sí mismo. Primero se decice en favor de alguna formulación que intente quedar libre de las idas y vueltas de la dialéctica y, finalmente, reduce todo a elemento del par que se opone en la polarización.
Pero la polarización no es un hecho del mundo. Si fuera así sería más fácil. Pues la línea divisoria de la que hablamos arriba está subordinada a las "necesidades del presente" o sea, se subordina a la polarización preponderante en un momento histórico dado. Así, en el 2002, la línea divisoria no podía ser peronistas-antiperonistas ya que tanto peronistas como antiperonistas confluían en un gobierno que pasó a representar, para la opinión pública, la causa de la crisis de ese entonces. Pero la línea divisoria no siempre es tan eficaz. Es decir: líeas divisorias hay todas las que se quiera, pero sólo la que en un momento determinado representa la realidad para la opinión pública es la que adviene eficaz. Dicho de otro modo: sólo cuando algo se presenta como única verdad una línea divisoria es capaz de denotar la Realidad.
Pero ¿qué es esto de única verdad? Refiere simplemente un hecho historicamente determinado. Debemos definirlo de este modo: sólo ocurre en la ruptura de alguna coninuidad histórica y su grado (el grado de realidad) declina a medida que uno de aleja de la discontinuidad.
Toda vez, entonces, que se interrumpe una continuidad de este tipo, se presenta la confluencia que afirma la línea divisoria eficaz para dicha ruptura; confluenia que nunca es completa.
lunes, 30 de noviembre de 2009
El golpismo del siglo XXI
Tomamos de Taiana la fórmula referida a los acontecimientos de Honduras; según escuchamos en la radio, avalados por la prensa local (Clarín, La Nación) y EEUU. Por ejemplo, en el diario La Nación se menciona una sola objeción concreta al curso de los acontecimientos, en una alusión a dichos de Zelaya, quien afirmó que hubo un abstencionismo muy alto; pero sólo para contraponerse a Zelaya, afirmando "Sin embargo, las cifras oficiales arrojan una abstención menor al 40%. En los comicios de 2005, en los que se impuso Zelaya, la abstención había sido del 45 por ciento" (Nota); en clara sintonía con el referido curso de los acontecimientos.
Uno puede criticar a los periodistas que restrinjan las objeciones (pues hay otras de mayor peso). De hecho, si bien se hace mención de que "En la región, las elecciones en Honduras, tras 5 meses de una fuerte crisis política que aún no está resuelta, despertó más críticas que elogios", no se alude en ningún caso en qué consiste dicha "fuerte crisis política" (aldudida, sí, en el título de este post) ni qué criticas despertó. Y, para colmo, termina la nota: "Estados Unidos logró sumar a su causa de avalar los comicios a Panamá, Perú y Costa Rica".
Uno puede criticar a los periodistas que restrinjan las objeciones (pues hay otras de mayor peso). De hecho, si bien se hace mención de que "En la región, las elecciones en Honduras, tras 5 meses de una fuerte crisis política que aún no está resuelta, despertó más críticas que elogios", no se alude en ningún caso en qué consiste dicha "fuerte crisis política" (aldudida, sí, en el título de este post) ni qué criticas despertó. Y, para colmo, termina la nota: "Estados Unidos logró sumar a su causa de avalar los comicios a Panamá, Perú y Costa Rica".
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