Mostrando entradas con la etiqueta liberalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta liberalismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de junio de 2009

Las elecciones en CABA. El pinismo.

Existen diferentes opiniones en torno a la cuestión de Pino. El Cro. Artemio, por ejemplo, ha criticado la decición de ir en la lista con el candidato del PC a l acabeza, e indicó que el error se remonta a cuando el oficialismo optó por acompañar a Ibarra en capital, en lugar de ecolumnarse tras el Cro. Bielsa (nota). Menciona la necesidad, ahora, de que el PJ porteño tenga un candidato claramente peronista.


Hubo alguna propuesta, en deshonestidad intelectual se propuso mudar a Anibal a capital para que termine él conduciéndolo y alzándose como jefe de gob. También se critico el que "el peronismo pone los votos y el progresismo los candidatos" allí.


Hubo algunas críticas a los comentarios del Cro. Artemio, por ejemplo desde Catanpeist. Y a esta cuestión porteña se le agregó la de Santa fé. Básicamente se debatió desde dos polos: el “pejotismo” -o peronismo-, y el “progresismo” -o kirchnerismo tardío, tal como se lo bautizó desde ramble tamble. Desde el mencionado blog se propuso cortar boleta a favos del socialsmo, para que el Lole quede en segundo lugar en la prov. Otros (Artemio incluído) proponían el corte de boleta a favor del Lole. El argumento principal era que de esa manera se limitaba el poder creciente del socialismo, que podría llegar a la estatura de pelear por el poder a nivel nacional en el 2011 con Binner a la cabeza. En tal supuesto, Reutemann, quien iría dentro del PJ -cosa que, creo, no es el caso para ésta elección- sería más manejable que un Binner. Debido a que: tendría que ganarle la interna a Néstor (lo cual ya parecía improbable para muchos), y tendría que responder a sus bases peronistas, “sería más fácil controlarlo” se dijo por ahí, o algo parecido. Con respecto a este tema, a mí me dió la impresión que desde La Nación, por ejemplo, también veían con buenos ojos un buen desempeño del Lole, con quien podrían reeditar la experiencia Menemista (me refiero a un liberalismo conducido por el justicialismo).

Con respecto a capital, la cosa ha llamado la atención de casi todo el mundo. El mismo Mariano Grondona lo festejó en su programa al Cro. Solanas. Ahora dicen que saldría 2º en capital (y hasta hay quienes se esperanzan con que termine primero). También se espera que deje arafue a la Dra. Carrió.

Uno de los temas, entonces, es ¿Quién vota a Pino? seguido de ¿Qué piensa, su votante, del oficialismo?

Zloto, en su programa de radio Mitre, mencionó el otro día que en el programa de Chiche (que lo precede) lo sorprendió una entrevista a un ex presidente del banco central, anterior a Prat Gay, a quien definió como “Duhaldista, peronista ortodoxo”, cuando éste dijo que votaría por pino, debido a que “es el único candidato peronista en capital”. Esto mismo ya había sido referido por Artemio, al hacer mención de una reunión de la que participó conmemorando los Cros. fusilados por la libertadora, en la que, aseguraba “todos los compañeros votaban a Pino”.

De esta manera, una parte del porcentaje de Pino serían peronistas que se rebelan a confluir con el comunismo y votar a Heller. ¿Serían posibles votantes del oficialismo, si estuviern dadas las condiciones? Posiblemente, al menos gran parte de ellos.

Pero es claro que este no es todo el porcentaje de Pino. Hay algunos votantes de él que son francamente antiperonistas, y que quizás no lo toman, justamente, como el único candidato peronista de la CABA, sino como alguien que corre por izquierda al oficialismo, con consignas izquierdistas. Es el caso de la “cuestión de la minería”. Otras consignas como estatizaciones múltiples, donde estarían confluyendo el izquierdismo “estatizante” y el peronismo, también “estatizante”. Aquí se produjo, asimismo, un problemo en el interior del PRO. Mientras Macri salió a saludar al voto “privatizador”, su aliazo bonaerense salió (y la hija de Rucci lo mismo) defender estatizaciones. Para colmo, nadie, pero nadie, le creyó a de Narváez (me incluyo).

Comentario al margen: es curioso que mientras un impuesto a la exportación agraria generó un conflicto que sorprendió a todo el mundo, se piense que medidas como las estatizaciones propuestas y, en general, las consignas de Pino no traigan conflictos de mayor envergadura.

La que no supo dar una buena respuesta, a mi entender, es Michetti, quien salió a decir que era un acuestión secundaria, estatizar o privatizar, que lo importante era otra cosa, y que en cada caso se veía si convenía privatizar o no. Me parece, este punto, de importancia, por lo siguiente: esa “otra cosa” en su declaración, era de alguna manera asimilado a cierto ideal abstracto, algo parecido a la moral republicana. Y con eso, se abstuvo de tomar posición, y en un momento donde, dados los comicios, de lo que se trata es de decidir los lineamientos generales. Y si a esto se le suma la situación de Carrió, el lugar de ésta, sobre todo si queda afuera, va a ser tomado por aquella. Sólo que esto transformaría un poco la cosa a nivel “significado” (votantes, simpatizantes), pero sus figuras se sustituirían, como significantes.

Volviendo a lo de Pino, también hay que computarle el voto, digamos, “imberbe”, por llamarlo de algna manera (no confundir con el sentido que este término adquirió en Mayo del '74). Me refiero a los que sin pensar en la cuestión del poder a nivel nacional (y el orden político en general dentro de la nación) recurren al voto “contrario” pero en una oposición que no tiene como mira ningún proyecto capaz de relevar al ofocialismo en el ejercicio del gobierno. Muchos también que, de ser posible que efectivamente gane un elección ejecutiva, optarían por un voto en blanco, o algo por el estilo.


Es obvio que la "derecha liberal", para llamarla de alguna manera en algún lugar tendrá que apuntalarse es su proyecto político. Y todavía no hay acuerdo de si conviene "contenerla" en el peronismo o "enfrentarla" en el socialismo. Acuerde lo que se acuerde, la realidad misma definirá esto por si misma.

viernes, 17 de abril de 2009

No cuidar la imagen

El ámbito de la acción política está lleno de "desprolijidades". Una amplia tendencia política le opone a las mismas un moralismo, que resulta ser jactancioso comparandosele con aires de pulcritud. Incluso sin someter a cuestión las "cuestiones de fondo" -me refiero a los objetivos más generales de las políticas y a plazos más largos-, algunos grupos obtienen importantes resultados tachándolos de "desprolijos" (y cosas mucho peores, claro) a los que actúan desde el Estado, haciéndoles retroceder de ese modo, frente a sus opositores (que son ellos mismos), en la opinión de aquellos que son incluso más afines que éstos al objetivo general, pero parecen no soportar la suspicacia moral, este ésta fundada o no.

Es cierto que la estrategia de una parte de la izquierda es la de correr siempre un poco más al extremo su objetivo declarado, de manera de no lograr nunca participar de una acción concreta confluyendo con sectores más amplios, probablemente como una manera de garantizar que su "acción" sea puramente intelectual, permaneciendo en la esfera especulativa y crítica, y no alcance las "condiciones materiales", tan mencionadas por el camarada Marx, no obstante. Otro sector, el progresismo, al contrario, es mucho más flexible desde el punto de vista del objetivo, pero se mantiene regularente en el moralismo de las formas, que también lo aleja de la acción concreta.

Termina ocurriendo algo similar a lo que se dice en La ideología alemana sobre los neohegelianos:

''Pese a su fraseología supuestamente "revolucionaria", los ideólogos neohegelianos son, en realidad, los perfectos conservadores. Los más jóvenes entre ellos han descubierto la expresión adecuada par designar su actividad cuando afirman que sólo luchan contra "frases". Pero se olvidan de añadir que a estas frases por ellos combatidas no saben oponer más que otras frases y que, al combatir solamente las frases de este mundo, no combaten en modo alguno el mundo real existente. Los únicos resultados a que podía llegar esta crítica filosófica fueron algunos esclarecimientos histórico-religiosos, harto unilaterales por los demás, sobre el cristianismo; todas sus demás afirmaciones se reducen a otras tntas maneras más de adornar su pretensión de entregarnos, con estos esclarecimientos insignificantes, descubrimiento sde alcance histórico-mundial.

''A ninguno de estos filósofos se le ha ocurrido siquiera preguntar por el entronque de la filosofía alemana con la realidad de Alemania, por el entronque de su crítica con el propio mundo material que la rodea''


La inestabilidad política, que bien puede formar parte de la finalidad de acciones de grupos opositores, también son parte inherente de una coyuntura en la que se transformen las estructuras sociales y economicas. Las tradiciones ideológicas se alejan de la materialidad que las rodea (o realidad) puesto que ésta última se modifica y aquellas se conervan idénticas a sí. También es cierto que hay distancia entre la ideología y el interés. La burguesía nacional ha demostrado abundantemente que la ideología no corresponde al interés. Lo mismo la clase obrera. Incluso en situaciones bien adversas desde la perspectiva del interés, lo que prevalece es la ideología, que depende del adoctrinamiento y, en última instancia, de cómo cada cual se presta a tal o cual doctrina.

El nuevo neoliberalismo en Argentina (que es el liberalismo de siempre), revitalizado ahora con sus aliados, los fisiócratas del "campo", se muestra confiado en que van a recuperar parte del poder perdido después del 2001, por la vía democrática (a diferenica de otras oportunidades en las que usaron otros métodos) y a través del discurso moralista y el eficientista. Parte del progresismo considera una alianza para la restitución de la autoridad del mercado, dado que la doctrina común que comparten es la de la mayor eficiencia y moralidad de dicha autoridad en dirimir los conflictos. Pero es necesario abandonar el eufemismo del "mercado" para designar los grupos que intervienen efectivamente, con lo cual el moralismo no sería tan eficaz.

Manteniéndose el discurso de la oposición en cuestiones de forma, es lógico que la estrategia oficial para las elecciones venideras implique poner dichos aspectos en segundo plano, de modo de someter a debate cuestiones de alcance mayor. Limpiar la imagen para agradr a la mirada del exterior (con la que fantasean los moralistas locales) no podría conducir a sectores liberales a simpatizar con políticas de intervención estatal en lo económico y en lo social. Si el Estado no interviene, el mercado lo saca del juego.
"siempre junto a la urbe"