viernes, 17 de abril de 2009

No cuidar la imagen

El ámbito de la acción política está lleno de "desprolijidades". Una amplia tendencia política le opone a las mismas un moralismo, que resulta ser jactancioso comparandosele con aires de pulcritud. Incluso sin someter a cuestión las "cuestiones de fondo" -me refiero a los objetivos más generales de las políticas y a plazos más largos-, algunos grupos obtienen importantes resultados tachándolos de "desprolijos" (y cosas mucho peores, claro) a los que actúan desde el Estado, haciéndoles retroceder de ese modo, frente a sus opositores (que son ellos mismos), en la opinión de aquellos que son incluso más afines que éstos al objetivo general, pero parecen no soportar la suspicacia moral, este ésta fundada o no.

Es cierto que la estrategia de una parte de la izquierda es la de correr siempre un poco más al extremo su objetivo declarado, de manera de no lograr nunca participar de una acción concreta confluyendo con sectores más amplios, probablemente como una manera de garantizar que su "acción" sea puramente intelectual, permaneciendo en la esfera especulativa y crítica, y no alcance las "condiciones materiales", tan mencionadas por el camarada Marx, no obstante. Otro sector, el progresismo, al contrario, es mucho más flexible desde el punto de vista del objetivo, pero se mantiene regularente en el moralismo de las formas, que también lo aleja de la acción concreta.

Termina ocurriendo algo similar a lo que se dice en La ideología alemana sobre los neohegelianos:

''Pese a su fraseología supuestamente "revolucionaria", los ideólogos neohegelianos son, en realidad, los perfectos conservadores. Los más jóvenes entre ellos han descubierto la expresión adecuada par designar su actividad cuando afirman que sólo luchan contra "frases". Pero se olvidan de añadir que a estas frases por ellos combatidas no saben oponer más que otras frases y que, al combatir solamente las frases de este mundo, no combaten en modo alguno el mundo real existente. Los únicos resultados a que podía llegar esta crítica filosófica fueron algunos esclarecimientos histórico-religiosos, harto unilaterales por los demás, sobre el cristianismo; todas sus demás afirmaciones se reducen a otras tntas maneras más de adornar su pretensión de entregarnos, con estos esclarecimientos insignificantes, descubrimiento sde alcance histórico-mundial.

''A ninguno de estos filósofos se le ha ocurrido siquiera preguntar por el entronque de la filosofía alemana con la realidad de Alemania, por el entronque de su crítica con el propio mundo material que la rodea''


La inestabilidad política, que bien puede formar parte de la finalidad de acciones de grupos opositores, también son parte inherente de una coyuntura en la que se transformen las estructuras sociales y economicas. Las tradiciones ideológicas se alejan de la materialidad que las rodea (o realidad) puesto que ésta última se modifica y aquellas se conervan idénticas a sí. También es cierto que hay distancia entre la ideología y el interés. La burguesía nacional ha demostrado abundantemente que la ideología no corresponde al interés. Lo mismo la clase obrera. Incluso en situaciones bien adversas desde la perspectiva del interés, lo que prevalece es la ideología, que depende del adoctrinamiento y, en última instancia, de cómo cada cual se presta a tal o cual doctrina.

El nuevo neoliberalismo en Argentina (que es el liberalismo de siempre), revitalizado ahora con sus aliados, los fisiócratas del "campo", se muestra confiado en que van a recuperar parte del poder perdido después del 2001, por la vía democrática (a diferenica de otras oportunidades en las que usaron otros métodos) y a través del discurso moralista y el eficientista. Parte del progresismo considera una alianza para la restitución de la autoridad del mercado, dado que la doctrina común que comparten es la de la mayor eficiencia y moralidad de dicha autoridad en dirimir los conflictos. Pero es necesario abandonar el eufemismo del "mercado" para designar los grupos que intervienen efectivamente, con lo cual el moralismo no sería tan eficaz.

Manteniéndose el discurso de la oposición en cuestiones de forma, es lógico que la estrategia oficial para las elecciones venideras implique poner dichos aspectos en segundo plano, de modo de someter a debate cuestiones de alcance mayor. Limpiar la imagen para agradr a la mirada del exterior (con la que fantasean los moralistas locales) no podría conducir a sectores liberales a simpatizar con políticas de intervención estatal en lo económico y en lo social. Si el Estado no interviene, el mercado lo saca del juego.

2 comentarios:

Mauri K dijo...

Un detalle: el peronismo -al menos para mi- aparece como una ideologia capaz de reproducirse y remezclarse con los presentes argentinos. El kirchnerimso es prueba elocuente de esa vitalidad y ese dinamismo transformador.
Otro detalle: esta bueno eso de intenetar bandonar el eufemismo de "mercado" ...pero...¿como llamar a este Bloque Urbano Televisivo Clarinizado?

Peter de A. dijo...

Con el término "mercado" muchos economistas pretenden volver anónimas las acciones de grupos económicos con importante poder y organización, ya que presentan siempre las cosas como si fueran resulatdo de un millar de actos individuales ciudadanos. Todos los males, para esos ideólogos, suelen ser endilgados a los Estados, como si fueran los únicos organismos. Lo que los distingue es qeu no se rige por la ley del mercado, es decir, que su gestión dependa de elecciones y no de valores.

El Bloque Urbano Televisivo Clarinizado es algo sin organización. Es decir, es la influencia que tiene el Grupo Clarín, pero no el Grupo mismo.

Saludos.

"siempre junto a la urbe"