Campo Impopular

sábado 26 de diciembre de 2009

El bipartidismo implícito y la única verdad

Es de lamentar la indefinición en que se encuentra en general lo que públicamente se postula respecto de la política. Es decir: mientas vemos cómo las ciencias (por poner un ejemplo) avanzan en esta direccción o aquella de manera definitiva, o sea que lo que se establece queda establecido e nadelante y una revisión no implica el abandono de un recorrido para volver al punto de partida y emprender una dirección que se había creído inútil y luego es la verdad oculta del proceso en revisión, para después nuevamente volver sobre los pasos, y seguir indefinidamente en moimientos de este tipo.
Voy a aclarar un poco más, puesto que es frecuente escuchar criticas que dicen que "en este país" todo estaría mal hecho, una instancia de los cual sería el que cada gobierno anula todo lo que se había hecho hata un determinado momento y emprende una dirección opuesta en la gestión, y luego el gobierno siguiente hará otro tanto, etc. De hecho, como debido a una circunstancia impuesta tuve que ver, lamentablemente, dos eleznables programas televisivos que tenían como invitado a Tinelli, pude escuchar a este personaje, precisamente, aludir a este tema. Concretamente, se quejaba de esto mismo, de que según él los gobiernos declaraban que todo lo hecho antes estaba todo mal, para luego empezar de nuevo, indefinidamente. Para diferenciar esta formulación, tam común por otra parte, y por ende tan de sentido común (a punto tal de que se lo repite incluso menos por si significado que por su procedencia; es decir, alguno lo va a repetir por el sólo hecho de que la "autoridad" de que inviste a Tinelli la TV le persuade se su supuest averdad, independientemente de lo que ésta implicaría de serlo) de aquella que motiva el post diré que una condición para diferenciarlas es si resulta, la formulación misma, un intento de captar un hecho, o si no es más que un enunciado con tendencia y qeu, como tal, sólo apunta a incidir en alguna de las puntas del conflicto social en un momento dado. En cuanto al ejemplo en cuestión, la cosa se aclara muy facilmente con el contexto del enunciado, pues lo que estaba haciedo Tinelli era básicamente criticar y oponerse a la nueva ley de medias audiovisuales, con el pretexto de que con la misma iría a pérdida, y con el de que las cosas no se hacían así en ninguna parte del mundo. Digamos, de paso, al respecto: eso de que Tinelli vaya a pérdida me recuerda mucho al Australopitecus Biolcat, al frente de la Sociedad Rural, diciendole precisamente a Zaiat eso mismo respecto de su negocio que, cabe mencionar aquí, está caracterizado por el beneficio adicional del monopolio que le otorga la escacez del recurso que explota; y además: el hecho de qeu no se hagan las cosa así en otros países es un argumento que por más que se o pueda tomar, si uno lo piensa un poco, una consecuencia del mimso es que restringe el alcance de toda medida nacional a un universo muy limitado, por ser éste uno que ya fue ensayado, otorgando la prerrogativa de la innovación a otros países, de los cuales el "ser el único país del mundo" en los cuales las cosas son de alguna manera determinada es frase que se usa más bien como elogio que como crítica, como sucede hacia adentro.
Es claro que se dice muchas veces esto para criticar justamente algún gobierno que toma una iniciativa, por ejemplo de caracter inovador, qeu reforma profundamente alguna estructura social.

Tomemos ahora un ejemplo: la política dedicada a los servicios públicos. Si bien mi edad me priva de la posibilidad de muchos recuerdos de aquella época, cuando se comenzaron a implementar las privatizaciones de Menem, una de las cosas que se decían a favor era que su gestión en manos del estado era ineficiente, para lo ual se citaba el caso del tiempo que tomaba instalar una nueva línea, y la incidencia deésto mismo en el valor de una casa, etc. Luego de eso, en cambio, tenemos la posibilidad de instalar una línea en un brevisimo tiempo, en comparacióbn. Con Kirchner, la política cambio eminentemente se signo. Esto se demuestra fácilmente, demostración que daré pues el otro día un amigo (decididamente antiperonista) insistía en qeu Kirchner y Menem eran la misma cosa (hasta el punto que parecían dontar la misma entidad, curiosamente), premisa de la cual obtenía la siguiente conclusión: Kirchner gobierna para el FMI. Yo le decía, en cambio, que mientras Menem y Cavallo (a quien le tenía mayor estima que a Menem este amigo mío) tomaban deciciones en convergencia a las recomendaciones del FMI (las queeran públicas), Kirchner tomaba otras que entraban en conflicto con aquellas. Un hecho que ponía esto de manifiesto eran las críticas que los economismtas de lFMI y afines solían dirigir contra dichas políticas. En fin, la demostración es esa misma: si el FMI realiza indicaciones de caracter contrario a las deciciones que toma un gobierno y si, además, critica estas últimas, no se puede aseverar (como lo hacía mi amigo) que ese gobierno sea funcional al FMI.

Supongamos ahora que las elecciones presidenciales proximas otorgan la presidencia a un político, digamos, afín al FMI, y "amigo de los inversores externos", etc. Supongamos que comienza a desandar los pasos del Kirchnerismo en política de servicios públicos. Tenemos pues la situación siguiente: como decíamos arriba, lo que hace un gobierno lo deshace el que le siguie, el cual a su vez puede tener la misma relación on el gobierno posterior a él.

Veamos ahora la política de derechos humanos. Primero: los militares y marinos no lograron (y parece que aún no han logrado hacerlo) concebir la idea de derechos humanos. Parecería que bajo su bogierno sólo tenían derechos quienes ellos querían y quines no, no. Con Alfonsín se llevó a cabo un juicio a las juntas, y si bien muchos critican a Alfonsín por las leyes de obediacia debida y punto final, haber enjuiciado a las juntas implica una discontinuidad ya que, de haber permanecido un gobierno de un mismo signo que el que lo precedió, no hubiera habido tal juicio. Luego, con Menem, se indulta a los jerarcas lo que leva a suitación al mometno inicial: como si los juicios ni hubieran tenido efectos. Más tarde, con Kirchner, se empiezan a juzgar los hechos que se habían querido tapar. Y podemos suponer que un gobierno de derecha sucesor del kirchnerimo podría tomar medidas de caracter contrario.

El lector se preguntará a qué voy con este breve y simple relato de cosas sabidas por todos. Pues bien, a que el enuncioado de arriba parece terner su correlato, es decir, parece referir a algo, algo que es un hecho, hecho que parece inseparable de la política de este país; pero que además, no se trata de implemente dar marcha atrás y reemprender otro camino, sino que se trata de una suerte de dialéctica; o sea: las acciones pueden agruparse en dos tendencias contrarias que se van intercalando entre sí. En otras palabras, es lo que podríamos llamas el bipartidismo implícito argentino.

Nuevamente, llegamos a una formulación que parece de Perogrullo. Su valor reside en que, gracias a su obviedad teórica sucede que en general se estará de acuerdo, y no podrá ser "caracterizado" como el podtulado propio de algún partdo, ni si quiera como un principio antipolítico. Por otra parte, y pese a lo anterior; prácticamente no es tan evidente, y esto es lo más interesante.

¿Qué significa qeu no sea prácticamente evidente? Daré algunos hechos que explican esto: Tanto Menem como Kirchner llegar el gobierno a la cabeza del mismo partido y sin embago son gobiernos del signo opuesto; personalidades qeu antiguamente se las agrupaban en sectores hacia la centroizquierda en momentos posteriores son consideradas más bien como referentes de la derecha católica, etc. Ahora, en vez de continuar la lista, deengamosnos un momento en el primer caso.

El sector antiperonista tiene cierta tendencia a identificar a Menem y a Kirchner. Dicen que ambos on lo mismo (así como Kirchner hizo lo mismo con Macri y Menem, por otra parte). La tapa de la revsta Noticis que ví el otro día e nRetiro sugería esto mismo. "La Carrió" repetía esto tanto como Estensoro en las últimas elecciones. Es claro que dependiendo del "eje" de discusión, es decir, dónde ubicar la línea divisoria entre las diferentes políticas, uno puede clasificar como se le ocurra. Alguien podría así decir: Videla, Alfonsín, Menem, De La Rúa, Kirchner son todos iguales, por ser hombre; mientras qeu, en cambio, tanto isabelita y Cristina Fernandez, por ser mujeres, difieren radicalmente. Lógicamente es admisible. Sólo que todos estarán de acuerto a que pese a su corrección lógica, el precednte enunciado no provee nada de información sobre la política argentina.

El tema parece entonces dónde hubicar la línea divisoria y est onos conduce a otro problema, similar al mencionado arriba. Es el siguiente: el lugar donde se ubique la línea divisoria podrá ser favorable a tal o cual tendencia, lo que dificulta superar la cuestión, es decir, la supuesta dialéctica que mencionamos arriba. Y digo supuesta dialéctica porque en realidad no es dialéctica, la cual concluía en la superación. Contrariamente a Hegel a Marx, lo que la historia parece mostrar es qeu, lejos de consistir e nun defenir hacia su fin, concebido como saber absoluto o una determinada sociedad, no hay superación histórica alguna.

Bueno, esto parece en realidad un poco extremo y demasido pesimista y tal vez si se miran períodos históricos extensos sí pueda hablarse si no de superación si de acontecimientos que no sean perpetuamente puestos a revisión.

Sea como fuera, podría también plantearse lo contrario y decir que postular continuidaddes y rupturas carecede valor por no ser hechos qeu puedan establecerse de una vez por todas.

Pero la "polarización" no es un mero hecho casual ni el producto de la estrategia de un político en particular. La base de esto es simplemente que de ungobierno se puede estar a favor o en contra, lo cual es el punto de partid de la polarización. Tanto la idea del "apoyo crítico del progresismo", por ejemplo, se soburdina, mal que le pese, a la polarización; así como las diferencias entre la oposición. Por otra parte, solo sobre la base de consensos puede una política llegar a tener lugar en la administración nacional, tal como lo de muestra la hitoria de la izquierda en Argentina.

Pero parece que este post se contradice a sí mismo. Primero se decice en favor de alguna formulación que intente quedar libre de las idas y vueltas de la dialéctica y, finalmente, reduce todo a elemento del par que se opone en la polarización.

Pero la polarización no es un hecho del mundo. Si fuera así sería más fácil. Pues la línea divisoria de la que hablamos arriba está subordinada a las "necesidades del presente" o sea, se subordina a la polarización preponderante en un momento histórico dado. Así, en el 2002, la línea divisoria no podía ser peronistas-antiperonistas ya que tanto peronistas como antiperonistas confluían en un gobierno que pasó a representar, para la opinión pública, la causa de la crisis de ese entonces. Pero la línea divisoria no siempre es tan eficaz. Es decir: líeas divisorias hay todas las que se quiera, pero sólo la que en un momento determinado representa la realidad para la opinión pública es la que adviene eficaz. Dicho de otro modo: sólo cuando algo se presenta como única verdad una línea divisoria es capaz de denotar la Realidad.

Pero ¿qué es esto de única verdad? Refiere simplemente un hecho historicamente determinado. Debemos definirlo de este modo: sólo ocurre en la ruptura de alguna coninuidad histórica y su grado (el grado de realidad) declina a medida que uno de aleja de la discontinuidad.

Toda vez, entonces, que se interrumpe una continuidad de este tipo, se presenta la confluencia que afirma la línea divisoria eficaz para dicha ruptura; confluenia que nunca es completa.

lunes 30 de noviembre de 2009

El golpismo del siglo XXI

Tomamos de Taiana la fórmula referida a los acontecimientos de Honduras; según escuchamos en la radio, avalados por la prensa local (Clarín, La Nación) y EEUU. Por ejemplo, en el diario La Nación se menciona una sola objeción concreta al curso de los acontecimientos, en una alusión a dichos de Zelaya, quien afirmó que hubo un abstencionismo muy alto; pero sólo para contraponerse a Zelaya, afirmando "Sin embargo, las cifras oficiales arrojan una abstención menor al 40%. En los comicios de 2005, en los que se impuso Zelaya, la abstención había sido del 45 por ciento" (Nota); en clara sintonía con el referido curso de los acontecimientos.

Uno puede criticar a los periodistas que restrinjan las objeciones (pues hay otras de mayor peso). De hecho, si bien se hace mención de que "En la región, las elecciones en Honduras, tras 5 meses de una fuerte crisis política que aún no está resuelta, despertó más críticas que elogios", no se alude en ningún caso en qué consiste dicha "fuerte crisis política" (aldudida, sí, en el título de este post) ni qué criticas despertó. Y, para colmo, termina la nota: "Estados Unidos logró sumar a su causa de avalar los comicios a Panamá, Perú y Costa Rica".

jueves 15 de octubre de 2009

Poder explícito / Poder velado

Habíamos dicho en el último post que había una relación inversa entre el poder de tapa y la perspectiva histórica, lo cual había a su vez sido suscitado a raiz de la puesta en circulación de una grabación en la cual se monta una escena donde uno de los principales referentes de la tribuna de doctrina muestra su labor desde un lado menos marketinero, si se puede usar la expresión, pero ¿más real?

En una conversación con gente, digamos, apolítica, llegamos a una conclusión: la clase media quiere que el poder actúe velado, y le producen escozor sus manifestaciones explícitas. Aplicado a este caso: estas son las cosas que un diario destinado a la clase media se preocupa por ocultar. ¿Significa que lo estoy dando por veraz al video? En realidad, no es ese el tema del post. Por más que sea “fake” como dice algún anónimo por ahí (quien sabe si es el mismo Pagni), esta dualidad es algo que existe, y que todo el mundo sabe, a menos que se peocupe por desconocerlo. Ni hace falta decir que el procedimiento sea tan deshonesto como lo sugiere el video (está claro que la forma en que se monta el video tiene fines de efectividad mediática). Está lo que se reconoce publicamente, lo manifiesto abiertamente, y lo que ocurre en privado. Esto pasa en todos lados, claro, no es que se lo quiera restringir al ámbito periodístico. En el Estado, por su puesto, en la política, es una cuestión básica. El tema es el siguiente: en las clases medias, es decir, los siervos del poder velado (en oposición a los populistas: siervos del poder explícito), hay cierta exigencia de que nunca se haga presente, patente, el aspecto oculto, velado, del ejercicio, en este caso, periodístico. En la charla mencioanda, buscando una explicación a esto, dimos con una respuesta provisoria: es la educación. Eso que distingue (como rasgo) a las clases medias en este asunto es la educación en virtud de la cual aborrecen de lo que no se debe mostrar. Pero esto -que tiene la virtud de ser una expliación que conformaría a la clase que atañe particularmente- es poco decir. Porque ¿qué es la educación? ¿Una práctica social disciplinante? ¿la actividad del individuo que se eleva por sobre su condición animal hacia el progreso humano? No vamos a resolver esta cuestión acá.

Pero podemos decir que hay algo profundamente irrealista en las pretenciones de la clase media educada ¿o acaso las intenciones y tendencias confesadas públicamente son siempre, agotan siempre, aquellas que satisfacen al sujeto en su intimidad? ¿Y no hay quienes, por otra parte, han invocado aquellas que algunos sujetos son incapaces de reconocer para sí mismos?

No era cuestión tampoco de usar expresiones que suenen metafísicas. Retomemos lo del poder de tapa. La tapa es el luga de lo explícito. “La realidad se puede tapar o se puede hacer tapa”, celebramos esta expresión (más incluso que aquella otra que conjuga realidad con verdad y unicidad). El tema es cómo se concibe esta realidad.

Sería divertido que Clarín sacara una tapa diciendo esto mismo, que la realidad se puede tapar o hacer tapa. Pero ¿y la tapa? ¿por qué es tan importante? Obviamente nos parece insuficientela explicación “gorila” de esto, es decir, la que se basa en la supuesta imbecilidad de las masas, o su bajo rendimiento inbtelectual, y que como autómatas repiten lo que ven en la tapa. Que la tapa sea lo más leído responde a muchos fatores. Las leen en los programas de radio, uno las ve cuando va en bondi, ya sea porque en los kioscos de revistas la ponene, o porque algún pasajero la exhibe al leer el diario. Cuando compra el diario, es lo primero que aparece, o sea que está garantizado que se pase po ahí, lo cual no ocurre con el resto. En fin, no se trata de un fenómeno de “masificación” tan simple como se los concebía un siglo atrás. Pero el tema es otro: uno puede ver la tapa y resultarle indiferente, pasar de largo, y centrarse en cualquier otra página. Y esto, en general, no ocurre.

Claro siempre hay un liberal argento que dice no entender a las masas brutas, peronistas, futboleras, lo que se quiera; y que se declara excento de todo efecto de masa en sí mismo. Es esto, creo yo, una artificilidad: es lo mismo que mencionamos arriba, una especie de compulsión de separar de lo explícito un aspecto determinante de la realidad. En este caso, queda como remanente el prejuicio social. Es decir: se niega la propia determinación de masa como un factor entre otros y se sustituye el conjunto por un ideal que se cree representar (provisto quizá por la educación) en el cual dicho fragmento de realidad (determinante de ella, para ser màs exactos) no tiene ningún lugar. Y el resultado es que dicho frangmento apartado pasa ser a su vez representado por el conjunto social “bajo”, que se pinta con un salvajismo brutal. A más bajo que se las conciban a estas clases, más uno podría conjeturar un disciplinamiento de quien concibe. Tal vez esto ayude a concebir el progreso y el desarrollo, no sé.

El tema, creo, es que toda tapa implica algo que se tapa. Si todo pudiera caber en la tapa ya no serìa tapa, y la finitud -digamos- de la tapa es un hecho simple. Nadie le echa la culpa a Clarín de que haya tapa. La hay por el mismo hecho de que hay también lo que se tapa. La tapa es justamente aquello que tapa. E insisto, el tema es cómo concebir la realidad. Y para no ccmplicar el asunto de entrada, procuraré abstraerme en principio de conceptos como el de verdad y unicidad.

Tapar la realidad es una noción vacía, a menos que se la conciba en dos momentos de una dialéctica: lo que se tapaba pasa a la tapa. Entonces sí, se tapaba la realidad, que se destapó. En realidad, la realidad es un término que depende enteramentede la tapa. En fin: la realidad es lo que está en la tapa. Y no hay que concebir una sustancia-realidad que en virtud de la honestidd de los periodistas de clse media es puesta en la tapa. No. No hay sustancia, la realidad es lo que se pone en la tapa, y si algo no se pone allí no es realidad, quedó afuera, o en sus confines. Claro, la realidad no es idéntico a la tapa. Pero la tapa es el primer plano de la realidad y lo que organiza todo su fondo, como la Gestalt. Y una característica esencial de la tapa es el de portar una imagen, un foto en general (que remite a una imagen de la realidad). Una foto y un pequeño enunciado.

En el otro polo está la dimensión histórica, imposible de desplegar en la tapa. Y me refiero acá a historia en un sentido bien amplio y simple. Concebida a partir de la idea de tapa como su contraparte. Lo que se construye a partir de los rastros y que no se reduce a imágenes, de naturaleza discursiva o narrativa. No es que se pretenda que una sea màs valiosa o más elevda que otra, nada que ver, como cuando se dice que una imagen dice más que mil palabras o (menos frecuente) cuando al modo de Platón se reserva la realidad sólo para las ideas quedando excluído lo sensible.

martes 13 de octubre de 2009

El poder de tapa

Ya todos los saben: el gran diario argentino perdió su "batalla" legislativa. Ahora comienza su estrategia judicial. Pero en tanto, aparece éste videito (que todos ya conocen, también). Ni lo subo, pues no hace falta, está en todos lados.

Brevemente. Leí al pasar en muchos coments que se cuestiona la veracidad o cosas por el estilo (notese que son en gral conmentarios anónimos ya que ¿quién va a saltar a favor de Pagni?). Se puede discutir mucho, pero eso ya implica la eficacia del tape.

Lo que quería postear era lo siguiente. Estamos acostumbrados a que los medios digan lo que se les ocurra, por más falso y errado que esté. Claro que todos podemos errar. Pero a lo que nos acostumbramos es a otra cosa: a que digan disparates que la realidad desmiente vez tras vez, y que no importe debido al paso del tiempo. Entonces, el vídeo hace algo interesante: llama la atención sobre unos artículos publicados en el último año, en los cuales si uno se detiene, con el paso del tiempo ya acaecido, se encuentra con ese estilo que mezcla soberbia y disparate (que, de más está decirlo, no combinan para nada bien, aunque por separado puedan ir fenómeno). Y llama la atención para un público masivo: aunque más no sea para sacarse la duda. Claro que en el video se sugiere que se escriben deliberadamente datos falsos a cambio de una paga. Poco importa, a nuestro humilde entender. ¿Por qué? Pues porque eso es secundario, son hechos aislados de corrupción. Lo que nos parce de una contundencia mayor es cómo se desplaza la lectura colectiva y se introduce un vector temporal que la dinámica periodística excluye sin excepción. Perdida la pespectiva histórica, además, aumenta el poder de tapa. Pero esto pone en tapa editoriales de meses atrás, que bien en el olvido sino quedarían.

Existe, entonces, una proporción inversa y exacta entre el poder de tapa y la perspectiva histórica.

Y no es que esto ponga en tapa una perspectiva histórica. Pero me genera curiosidad saber qué van a salir a decir ahora desde sus tapas.

miércoles 30 de septiembre de 2009

Otro post sobre Kraft.

La cuestión Kraft trae de nuevo un viejo debate que se da, en este momento, entre las filas kirchneristas y las ultraizquierdistas. Cualquiera puede imaginar que éstos últimos, dentro de unos años, van a decir que el gobierno K fue un gobierno al servicio del gran capìtal internacional que reprimiía la protesta obrera en su reclamos típicos. Los que realmente crean que, justamente, el progreso consiste en la entrada de esos capitales en el pais, los anglicistas (Kraft es estadounidense), van a decir que el gobierno fué, qué se yo, corrupto, ineficiente, populista. Los izquierdistas que escuchen esto -porque, por ejemplo, tengan cercanía con alguien que lo profiera, o lean La Nación o lo que fuera-, diràn entonces que el gobierno K represaentaba a la burguesía nacional frente al imperialismo yanquee, por ejemplo. Desde luego que existirán muchas otras variantes que interpreten los hechos que en estos años han estado transcurriendo. Pero creo que como nadie puede ser obligado a tener una posición particular -la obligación está muchas veces sin embargo, pero en general el obligado se obliga a sí mismo, a menos que se trate de un menor o incapaz, que es obligado por sus padres, o aún un milico obediente, obligado por su jefe- por más equivocado que esté. Por eso, es evidente que la tarea nunca puede ser confrontar directamente estas posiciones (me refiero estrictamente a debates de este nivel, ideológicos). La discusión nunca debe darse a nivel axiomático, pues esa es cuestión de poder, y no de saber. Se discuten (en esto los medios mustran su profesionalidad, en general) cuestiones secundarias, derivadas, nunca principios. Todo esto último para decir simplemente que la existencia de la ultraizquierda es un hecho y pretender que desistan es algo no sólo ingenuo sino autoritario. Además, es evidente, se trata de una de las facciones más minoritarias que hay en política, y nos recuerda mucho a las pequeñas sectas religiosas que nos tocan la puerta para hacernos llegar la palabra del ñorse. Y por eso, agarrarselá contra ellos es inútil, por más que ellos sean agresivos, despistados, funcionales o lo que fueral

Pero ¿qué es lo que causa la molestia en cuestión? Algo también muy simple: no son los troskos, que a fin de cuentas están contra el sistema, y mucho más en contra de Clarín que los que pueda estarlo el kirchnerismo; el tema es, nuevamente, una vez más, cómo se “utiliza” el tema para pegarle al gobierno. Y, para muchos de nosotros, el problema no es que le peguen al gobierno, pues ¿acaso los gobernantes no están para eso, para ser azotados por sus detrarctores, y bancàndosela seguir para adelante? Los poíticos ya generaron inmunidad a ser permanentemente criticados por los periodistas y la opinión pública. O por lo menos los políticos peronistas, puesto que los radicales, por ejemplo, y como suele decirse, son mucho más chupamedias de lo que dicen los periodistas y más preocupados por su imagen. Pero un político que está pendiente de la imagen que dá es un político que tarde o temprano tiene que fracasar ante las mínimas acciones de su sopositores, no es un mero azar la ingobernabilidad radical.

Pero acá lo que vemos es cómo en el contexto -no debería dejar de tenerse en cuenta un contexto cuando es real- de una confrontación concreta entre sectores definidos (distinta de la tradicional conceptualización de obreros-burgueses con que quieren ver algunos, pocos, la realidad toda), uno de esos sectores, que nada tiene que ver con la revolución permanente, que nada tiene que ver con la abolición de la mercancía, la extinción del estado, con dar a las catedrales el carácter de museos, de la sociedad sin clases, etc., pone en el centro de la escena a estos actores con esos ideales (cuya “benevolencia” no obstante coexiste con una agresividad cruel en el tono de sus discursos y sus acciones) pero con otros fines. Es como cuando Grondona dijo, en el programa de Mauro Viale, que votaba a Carrió, pero “con la condición de que no gane”. Acá es similar: le damos prensa a los toskos, pero con la condición de que ninguna de sus consignas se materialice. Y los troskos, felices de figurar en la portada (bah, felices de figurar en un recuadrito) piensan que la revolución está cerca, que esto es signo de ello, que el gobierno no va a poder responder a las contradicciones, que la salida es por izquierda. Pero olvidan algo evidente: si les dan prensa es, justamente, poque nadie cree que ellos puedan dar respuesta a nada.

Nada de esto es escrito para avalar ninguna represión. No pude leer mucho del tema, pero no obstante voy a opinar (pues, despuès de todo, todos opinamos sin saber, y quizás sean justamente los que saben quienes estén privados de opinar, por ser voces autorizadas, y sólo puedan ajustarse mucho más quedando bien lejos de la doxa). Llama la atención que se reprima esta protesta y no se haya reprimido el conflicto agropecuario. Esto lo vi en todos los blogs (que solo hojié). El tema es si fue una decisión judicial independiente o si fue una acción del gobierno. Acá la cuestión de que si se procede judicialmente se es “fascisita represor” y si no se lo hace se es “fascisitra antirrepublicano” que menciona manolo no me parece que tenga peso. El gobierno mostró que no le molesta que lo anden criticando por pequeñeces (es decir, en este caso, sería una virtud haber impedido una represión, y que lo critiquen por eso sería para el gobierno algo de lo cual jactarse, sin ninguna duda). Si no reprimía el conflicto se extendería y los ultra se desgastarían, y hasta el gobierno se beneficiaba. A menos que se temiera un clima de convulsión social donde confluirían sectores hacia la izquierda del gobierno y se quizo mostrar mano firme para mantener las cosas en orden. Si es así se trata, a mi humilde entender, de un greuso error. Y considero esto pues ¿cual sería el supuesto? ¿que la derecha se iba a amigar con el gobierno que reprime a la izquierda y así recuperar la sintonía que se tenía hace alguno años? Creo, al contrario, que la derecha -el uso mediatico del asunto es un ejemplo claro de ello- no reacciona así. Al contrario, ven claramente que el conflicto de Kraft no es ninguna amenaza y no se puede generalizar. El gobierno tiene cortadas las relaciones con la derecha, no hay reconciliación (esto e slo bueno que tiene :). Si se pelea con la izquierda no va a cambiar eso, solo va a tener cortadas sus relaciones con la izquierda, la “izquierda crítica” que apoya las iniciativas principales, por ejemplo (y no es que yo sea de izquierda). El oficialismo no debería, creo, querer monopolizar la “lucha obrera”. Cada uno sabrá en la historia argentina qué organizaciones lograron qué y fueron responsables de qué. Y si no, mala suerte.

Por otra parte, hay una cuestión estratégica: el fantasma del comunismo. En una sociedad donde ese fantasma tiene sus adeptos, donde para ningún político sería fácil una medida antiobrera o entreguista, etc., un gobierno como el actual, en clara oposición contra algunos de los grupos de mayor poder económico, tendría no un aliado, sino un instrumento de negociación, si se quiere, a la par que una franmetación del medio en que opera que ayudaría a diluir las reacciones.
"siempre junto a la urbe"