miércoles, 30 de septiembre de 2009

Otro post sobre Kraft.

La cuestión Kraft trae de nuevo un viejo debate que se da, en este momento, entre las filas kirchneristas y las ultraizquierdistas. Cualquiera puede imaginar que éstos últimos, dentro de unos años, van a decir que el gobierno K fue un gobierno al servicio del gran capìtal internacional que reprimiía la protesta obrera en su reclamos típicos. Los que realmente crean que, justamente, el progreso consiste en la entrada de esos capitales en el pais, los anglicistas (Kraft es estadounidense), van a decir que el gobierno fué, qué se yo, corrupto, ineficiente, populista. Los izquierdistas que escuchen esto -porque, por ejemplo, tengan cercanía con alguien que lo profiera, o lean La Nación o lo que fuera-, diràn entonces que el gobierno K represaentaba a la burguesía nacional frente al imperialismo yanquee, por ejemplo. Desde luego que existirán muchas otras variantes que interpreten los hechos que en estos años han estado transcurriendo. Pero creo que como nadie puede ser obligado a tener una posición particular -la obligación está muchas veces sin embargo, pero en general el obligado se obliga a sí mismo, a menos que se trate de un menor o incapaz, que es obligado por sus padres, o aún un milico obediente, obligado por su jefe- por más equivocado que esté. Por eso, es evidente que la tarea nunca puede ser confrontar directamente estas posiciones (me refiero estrictamente a debates de este nivel, ideológicos). La discusión nunca debe darse a nivel axiomático, pues esa es cuestión de poder, y no de saber. Se discuten (en esto los medios mustran su profesionalidad, en general) cuestiones secundarias, derivadas, nunca principios. Todo esto último para decir simplemente que la existencia de la ultraizquierda es un hecho y pretender que desistan es algo no sólo ingenuo sino autoritario. Además, es evidente, se trata de una de las facciones más minoritarias que hay en política, y nos recuerda mucho a las pequeñas sectas religiosas que nos tocan la puerta para hacernos llegar la palabra del ñorse. Y por eso, agarrarselá contra ellos es inútil, por más que ellos sean agresivos, despistados, funcionales o lo que fueral

Pero ¿qué es lo que causa la molestia en cuestión? Algo también muy simple: no son los troskos, que a fin de cuentas están contra el sistema, y mucho más en contra de Clarín que los que pueda estarlo el kirchnerismo; el tema es, nuevamente, una vez más, cómo se “utiliza” el tema para pegarle al gobierno. Y, para muchos de nosotros, el problema no es que le peguen al gobierno, pues ¿acaso los gobernantes no están para eso, para ser azotados por sus detrarctores, y bancàndosela seguir para adelante? Los poíticos ya generaron inmunidad a ser permanentemente criticados por los periodistas y la opinión pública. O por lo menos los políticos peronistas, puesto que los radicales, por ejemplo, y como suele decirse, son mucho más chupamedias de lo que dicen los periodistas y más preocupados por su imagen. Pero un político que está pendiente de la imagen que dá es un político que tarde o temprano tiene que fracasar ante las mínimas acciones de su sopositores, no es un mero azar la ingobernabilidad radical.

Pero acá lo que vemos es cómo en el contexto -no debería dejar de tenerse en cuenta un contexto cuando es real- de una confrontación concreta entre sectores definidos (distinta de la tradicional conceptualización de obreros-burgueses con que quieren ver algunos, pocos, la realidad toda), uno de esos sectores, que nada tiene que ver con la revolución permanente, que nada tiene que ver con la abolición de la mercancía, la extinción del estado, con dar a las catedrales el carácter de museos, de la sociedad sin clases, etc., pone en el centro de la escena a estos actores con esos ideales (cuya “benevolencia” no obstante coexiste con una agresividad cruel en el tono de sus discursos y sus acciones) pero con otros fines. Es como cuando Grondona dijo, en el programa de Mauro Viale, que votaba a Carrió, pero “con la condición de que no gane”. Acá es similar: le damos prensa a los toskos, pero con la condición de que ninguna de sus consignas se materialice. Y los troskos, felices de figurar en la portada (bah, felices de figurar en un recuadrito) piensan que la revolución está cerca, que esto es signo de ello, que el gobierno no va a poder responder a las contradicciones, que la salida es por izquierda. Pero olvidan algo evidente: si les dan prensa es, justamente, poque nadie cree que ellos puedan dar respuesta a nada.

Nada de esto es escrito para avalar ninguna represión. No pude leer mucho del tema, pero no obstante voy a opinar (pues, despuès de todo, todos opinamos sin saber, y quizás sean justamente los que saben quienes estén privados de opinar, por ser voces autorizadas, y sólo puedan ajustarse mucho más quedando bien lejos de la doxa). Llama la atención que se reprima esta protesta y no se haya reprimido el conflicto agropecuario. Esto lo vi en todos los blogs (que solo hojié). El tema es si fue una decisión judicial independiente o si fue una acción del gobierno. Acá la cuestión de que si se procede judicialmente se es “fascisita represor” y si no se lo hace se es “fascisitra antirrepublicano” que menciona manolo no me parece que tenga peso. El gobierno mostró que no le molesta que lo anden criticando por pequeñeces (es decir, en este caso, sería una virtud haber impedido una represión, y que lo critiquen por eso sería para el gobierno algo de lo cual jactarse, sin ninguna duda). Si no reprimía el conflicto se extendería y los ultra se desgastarían, y hasta el gobierno se beneficiaba. A menos que se temiera un clima de convulsión social donde confluirían sectores hacia la izquierda del gobierno y se quizo mostrar mano firme para mantener las cosas en orden. Si es así se trata, a mi humilde entender, de un greuso error. Y considero esto pues ¿cual sería el supuesto? ¿que la derecha se iba a amigar con el gobierno que reprime a la izquierda y así recuperar la sintonía que se tenía hace alguno años? Creo, al contrario, que la derecha -el uso mediatico del asunto es un ejemplo claro de ello- no reacciona así. Al contrario, ven claramente que el conflicto de Kraft no es ninguna amenaza y no se puede generalizar. El gobierno tiene cortadas las relaciones con la derecha, no hay reconciliación (esto e slo bueno que tiene :). Si se pelea con la izquierda no va a cambiar eso, solo va a tener cortadas sus relaciones con la izquierda, la “izquierda crítica” que apoya las iniciativas principales, por ejemplo (y no es que yo sea de izquierda). El oficialismo no debería, creo, querer monopolizar la “lucha obrera”. Cada uno sabrá en la historia argentina qué organizaciones lograron qué y fueron responsables de qué. Y si no, mala suerte.

Por otra parte, hay una cuestión estratégica: el fantasma del comunismo. En una sociedad donde ese fantasma tiene sus adeptos, donde para ningún político sería fácil una medida antiobrera o entreguista, etc., un gobierno como el actual, en clara oposición contra algunos de los grupos de mayor poder económico, tendría no un aliado, sino un instrumento de negociación, si se quiere, a la par que una franmetación del medio en que opera que ayudaría a diluir las reacciones.

1 comentario:

Martín (Latino) dijo...

En los últimos días he coincidido con todos los blogueros en sus posiciones, aún cuándo parecen relativamente contradictorias. También con ésta. A pesar de que crea que nada justifica la represión, separo la paja del trigo y atrás de todo hay gente que está intentando sacar provecho, tanto desde la izquierda del 1% como de los grandes medios y el poder económico. La historia siempre es la misma, pero como decía antes, no avalo la represión, haya venido de dónde haya venido.
¡Saludos!

"siempre junto a la urbe"